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jueves, 17 de mayo de 2018

Tertulia [IV] Bis y bis by Úrsula & jm vanjav

Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez. Esta vez en colaboración conjunta :)

Enlace al origen de todo:

Tertulia [IV] by Úrsula & jm vanjav

Desenlace y epílogo

La obra terminó y al bajar el telón la ovación fue efusiva, lo que en principio parecía una historia mitológica al uso, resulto ser una interpretación anacrónica de la realidad actual. En los institutos hay especímenes de todo tipo y, precisamente, sus dos interpretes daban la exacta medida de sus papeles, algo que a priori nadie lo hubiera esperado.

El Narciso era un autentico lobo solitario, tanto por su autosuficiencia como el carácter bronco, que exhibía las pocas veces que compartía algún comentario. La realidad es que su falta de dotes sociales era por ser, generalmente, excluido sin haber estado y por la recíproca animadversión que eso le provocaba con los grupos.

La Eco en cambio si era una chica popular, encajaba bien en cualquier colectivo, además era más inteligente que la media. Su problema radicaba, en su falta de confianza en si misma, al sentirse más inteligente que atractiva. Evitaba mostrar cualquier sentimiento afectivo envolviéndolo con la ñoñería que la caracterizaba.

Al volverse al levantar el telón, todo el aforo esperaba ver a los dos protas saludando para repetir la ovación a tan realista e inaudita interpretación. La sorpresa no se hizo esperar, como si de un bis se tratara, Narciso y Eco seguían en su sitio con su intercambio de frases, esta vez fuera del guion, totalmente improvisadas, pero igual de sentidas:
  • Pobres seres insignificantes enamoradas hasta las trancas ¿no sientes ni siquiera un poco de vergüenza al tratarnos con tamaño desdén y prepotencia?
  • No te confundas, las enamoradas de verdad invidentes deben ser, pues usan de lazarillo su corazón y no dejan que sus ojos se cieguen, caprichosamente, de lo que veis cuando me miráis.
  • Esos eran otros tiempos Narciso, cómo se nota que has perdido el norte!
  • ¿Para qué hablar, si con una simple mirada, el aire se llena de suspiros; unos ahogados y otros exaltados, de las doncellas a mi paso? Tiempos que en balde no han pasado por ti, por lo que veo, no me extraña la desorientación con tu actual visión.
  • Respeta mi retiro en la cueva, necesito hacer mi duelo aunque no lo merezcas. Olvídate tu de mi!
  • Bien dices cueva, morada de bestias y brujas, en tu caso ambas. Olvidarte, hasta con este camino lo haré, volverme a cruzar contigo no será cita en mi agenda.
  • Así no se trata a una dama muchacho. Ni buenos modales aprendiste. No deseo oírte más!
  • Los buenos modales son los adecuados, preséntame a una dama y como tal será tratada. Con una bruja, las zalamerías es malgastar palabras, y tu buena fe de ello puedes dar.
  • Perdiste tanto tiempo en mirarte a ti mismo que ni siquiera sabes del precioso lunar que adorna mi hombro izquierdo. Y dicho esto, recuerda que ya convertido en flor no tienes voz!
  • Un punto, más bien verruga aunque por lunar lo quieras pasar. Para qué necesito voz si con pluma y tinta ilustró los pergaminos con mi sabiduría. ¿Me hablas de esa mancha que parece una mosca posada? Ciertamente, ofende menos que la verruga que acompaña tu aguileña nariz. 
  • Ni muerto te callas, Narciso! ¿Y ves como no sabes ver más allá de ti? NO se llama aguileña sino respingona, o celestial (la llaman también).
  • Llámala como quieras aunque, la tierra, puedas arar con ella. O usarla de saeta, para dar las horas, cuando al sol enfrente tengas. Mira que, más que nariz, parece puñal de espadachín.
  • No tienes remedio, me rindo a tus pies, pero por favor déjame ya Narciso que me vas a agotar! Por favor, no dejes de escuchar La canción del Eco... Te ablandará el corazón.
  • Ya he escuchado tu lamento, ahora, musicado. Ciertamente, los dioses, caprichosamente, han actuado. A ti, sin tu voz, te han dejado. Y a mí, en capullo florido, convertido. Ahora dime, por señas, claro, quién de su soberbia hace capricho y que pobre mortal, eso sí bien o mejor parecido, paga con su belleza tal maleficio. Dime Eco, mejor escribe; que, con tus señas, no sé si me contestas o sigues tirando los tejos; si no tengo razón en mi reclamación.
  • Vivir en la ignorancia, en ocasiones, te da la felicidad.
  • Bien dices, ignorancia vestida de atrevimiento, al pretender llamar mi atención con sus pobres aspavientos. Moscas, que en la oscuridad, confunden las llamas de un fuego con la luz del atardecer, y al aproximarse, irremisiblemente, en mitad de las brasas acaban, por su falta de saber.
  • Yo seguiré vagando con mi pena y tu pagarás tu culpa llevando mi eco a cuestas. Y tampoco me recrimines que te ‘tirase los tejos’ con tamaña sutileza como lo hice, por otra parte, pues fue, es y seguirá siendo práctica habitual cuando alguien te interesa. Convencida estoy de que si el artífice de los tejos hubieras sido tu, varón, aun sin sutileza te parecería de lo más ‘molón’ Dicho lo cual, entre tu y yo nada queda ya. Ni tan bella canción es capaz de reblandecerte. Así, DEP por los siglos de los siglos ¡Amén!
  • Buena inscripción para una lápida. Te repites más que tu misma Eco, es lo único que se ajusta a tu personalidad, tu nombre. Insistes en que, mi persona, pague tus penas, olvidando que los dioses fueron los culpables de todos tus males. Si para los restos muda te quedaras, garantizarte puedo que ya nada me dirás, vuelve a tu cueva, y olvida ya a este capullo florido, que al final del verano marchito quedará. Ni a los más hermosos y bellos, la vida nos sonríe, cuando el destino en manos de los caprichosos dioses reside.
Los dos últimos diálogos fueron con un tono tan sentido que cortaron el silencio de la sala. Al cabo de unos segundos el telón se bajó y la ovación no se hizo esperar. Duró hasta que, entre las cortinas asomaron los dos interpretes, en esta ocasión sí saludando, con lo que los aplausos se mantuvieron hasta que, la música ambiente, los fue apagando como un eco.

Narciso y Eco se conocían desde hacia cuatro cursos y por sus caracteres, prácticamente, no habían cruzado palabra hasta que fueron seleccionados para la obra de teatro del examen final de la asignatura. Las felicitaciones de la profesora de arte dramático a ambos eran tan sinceras como sobreactuadas, los dos jóvenes, ante tal retahíla de adjetivos gratificantes, se miraron, fijamente, como si fuera la primera vez que se vieran.

Ciertamente, era la primera vez, se vieron como se deben ver los seres humanos, con la personalidad desnuda, tal y como nos deberíamos mirar todos, al menos, cuando queremos ser sinceros. Después de su actuación, en la que se interpretaron a si mismos, ya no había apariencias que ocultara su verdadera personalidad. Y su conexión sin ser, precisamente, amistosa o sentimental, sí estaba a su mismo nivel de confianza.

A raíz de la obra, las vidas sociales de Narciso y Eco, cambiaron sustancialmente. Secretamente tenían un grupo de Whatsapp donde, él la daba consejos de autoconfianza, y ella hacía lo propio para que él se integrara socialmente. Así que ahora se encontraban en todos los acontecimientos sociales, que de antes tanto evitaban, saludándose con una mirada de complicidad.

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