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Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende. (La finca de la curva)

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martes, 15 de abril de 2025

Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende. (La finca de la curva)

 

Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende.



La finca de la curva


El pueblo donde de crío pasaba los meses de julio y agosto fue durante años la referencia de esos meses que en aquellos años se me hubieran hecho interminables, si no fuera por las escapadas nocturnas al caserón de la finca de la curva. Su estado abandonado y semi ruinoso era un reclamo para los cuatro canijos que cada verano éramos depositados casi como criados a unos parientes lejanos que les venía muy bien ese cambalache.


No voy a decir que nos explotaran todo el día a trabajar en las labores típicas de las granjas durante el estío. Pero es que hasta los domingos a las ocho estábamos con la faena (los animales no entienden de festivos, nos decían) y aunque el trabajo no era de mucho esfuerzo, sí era toda la mañana y más de media tarde. Por eso, nuestra liberación era justo después de cenar, aún quedaban casi dos horas de luz y otras dos que nos apanábamos con las linternas de petaca.


Supimos de la casa, de la finca, de la curva, porque en la plaza del mayor y única del pueblo (donde íbamos antes de nuestras expediciones nocturnas al caserón) oímos hablar de ella. Por lo visto había habido varias generaciones de una familia viviendo en ella hasta que todos los hijos del viejo Cuco (así los apodaban y por algo sería) se fueron a la ciudad y solo se les volvió a ver el pelo en el entierro del padre murió. Luego no se pusieron de acuerdo en el reparto y más de medio siglo después sus hijos y sobrinos siguieron igual.


El acceso a la finca era complicado, la verja aun sin el candado y la cadena que la cerraban estaba casi por completo mimetizada entre zarzas, ortigas y enredaderas. Al menos, en la parte posterior, la alta tapia que rodea toda la finca resultaba accesible gracias a una brecha en la misma. La casa en sí eran tres paredes de piedra con el tejado hundido y sin frontal. Curiosamente, no había ni puertas, o ventana alguna, lo mismo que teja alguna, salvo pedazos pequeños; en aquel pueblo debía quedar algún «cuco» más.


Cada noche los dos, tres o cuatro (según los que pudiéramos escaparnos) que íbamos a la finca de la curva nos imaginábamos una aventura nueva, pero que siempre acababa en un escondite y posterior pescar hasta que a media noche volvíamos alumbrados por la última linterna parpadeando por su ya agotada pila de petaca. En lo de las linternas también aprendimos nosotros a ser unos buenos cucos, la dichosa pila no era barata (únicamente nos podíamos permitir comprar una a la semana) y como mucho nos duraba tres o cuatro noches racionando su uso, así que al segundo día dábamos el cambiazo con alguna de las de casa, e incluso con la de algún vecino.


Nuestro último año en el pueblo, ya casi adolescentes, nos habíamos hecho de linternas con batería recargable y alargábamos nuestras misiones hasta la una y media como unos tíos. Añadimos una cajetilla de tabaco cada uno y unas latas de cerveza (teníamos que practicar, ya que empezaríamos en el instituto con los mayores) que escondíamos en la ya nuestra finca de la curva. De hecho, habíamos hecho planes de futuro y sabiendo que, ya tan mayores, a nuestros padres les iba a costar seguir con la costumbre de desterrarnos al pueblo, sí podríamos ir haciendo un fondo común para algún día hacer nuestra de verdad la finca de la curva.


Han pasado muchos años de aquello, muchos de verdad, pero he vuelto a aquel pueblo y puedo cumplir mi palabra. Ya no queda nadie conocido, las cuatro casas que formaban cada uno de los dos barrios están vacías y ni el bar tienda levanta ya la persiana. La gente acabó haciendo como los «cucos» de la finca de la curva, se marcharon para no volver. Bueno, yo conseguí a buen precio mi añorado caserón, el último descendiente no sabía como quitárselo de encima y no me hizo falta ni regatearle el precio.


La verdad no voy a hacer mucha obra, mandaré hacer una puerta de acceso en la brecha de la tapia por donde nos colábamos y que limpien lo justo para poner una pequeña casa de esas prefabricadas frente a las ruinas del caserón. Ahora, después de tantos años, volveré a estar con mis dos o tres nocturnos compañeros de aquellos veranos como si no hubieran pasado los años. Supongo que los amigos imaginarios no envejecen y seguirán igual que como yo les recuerdo, o bueno igual no, pero tanto lo uno como lo otro en cuanto me instalen la casa en la finca de la curva esa misma noche con mi flamante linterna LED los sorprenderé.


(Menos de 900 palabras)



domingo, 18 de diciembre de 2022

CONCURSO DE RELATOS 34ª Ed. ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? DE PHILIP K. DICK (Replicantes)


Siempre sonaba aquella vieja canción en los antros de las colonias mineras. Yo seguía la pista de un replicante que se había escapado de Marte Central. En su huida, no parecía encontrar plaza en los cargueros que llevaban a La Tierra los minerales que allí hacía tiempo estaban agotados. Así que se dedicaba a recorrer los diferentes campamentos de extracción repartidos por todo Marte.

Haciéndose pasar por humano, con papeles falsos, podría pasar por temporero y desaparecer, al cabo de unas semanas, sin dejar sospechas. A mí este tipo de capturas ya no me gustaban tanto como cuando empecé el cuerpo de cazadores de replicantes. Me enteré de que, su esperanza de vida, era la misma que la de su vida laboral; cual ganado, aun siendo seres dotados de una inteligencia casi humana.

Así que, era habitual en algunas unidades, con los primeros síntomas de fatiga neuronal también tuvieran una necesidad vital de escapar de su esclavitud. Después del primer aviso de su deterioro era cuestión de meses que su organismo colapsara por completo. El genetista que diseño el chip implantado en ellos incluyo la rutina del último suspiro para que no hubiera necesidad de ningún tipo de cuidado paliativo durante su inexorable agonía.

Los doctores de cada campamento cuando registraban ese primer colapso nervioso, entre estos androides semi humanos, les daban «la droga de los seis meses» para que pudieran seguir trabajando hasta su segundo y definitivo ataque; propiciado este por su chip neurogenético. Un médico desarrolló un fármaco «largo sueño» que conseguía engañar esa cuenta atrás, pero a costa de daños cerebrales irreversibles, con lo que la esperanza de vida de un replicante podría extenderse dos o tres años más; antes de que, finalmente, por una u otra causa le llegase la hora. 

Al entrar en el cutre bar mi analizador espectral fue identificando a cada uno de los presentes. Con esta tecnología ya no hacía falta usar los viejos tests de empatía para diferenciar humanos de pellejudos. En el local todos eran replicantes, incluso la camarera que, por ser personal de servicio, contaba con una esperanza de vida extendida a diez años. 

Únicamente, con un sujeto, mi sofisticado artefacto pitó dos veces indicando que el proceso no era concluyente. Me acerqué al lado de la barra donde un tipo de aspecto corriente bebía güisqui sintético (seguramente de contrabando), pero yo no era agente de aduanas y me traía sin cuidado su dudosa procedencia. 

Intercambie una mirada con aquel hombre y toda la información que obtuvo mi instinto es que mi infalible máquina se había equivocado. El rostro curtido por los años de aquel tipo no podía pertenecer a ningún sintético del tipo que fuera. Solo los Gen-9 o los Nexus-8 llegaban a los veinte y quince años respectivamente, los primeros como ejecutivos o directores de responsabilidad (que no era el caso) y los otros como trabadores de confianza con desempeño físico bajo para no acortar su vida laboral. 

El hombre que estaba ante mí, al menos debía de tener cuarenta y cinco o más años; a la fuerza tenía que ser humano, pero entonces por qué yo seguía su pista desde hacía meses. Mientras pedí una ronda de lo mismo, para mi amigo y yo mismo, a la complaciente camarera me vino la idea. Puede que el aspecto envejecido de mi compañero fuera secuela del largo sueño y por eso el analizador no pudiera identificarlo. 

Casi sin cruzar palabra, más bien con gestos, nos íbamos invitando alternativamente a una ronda, intercalando jarras de cerveza marciana para quitar el mal gusto que dejaba el ese licor destilado de… (mejor no saber el que). 

No tuve que esperar mucho a que mi compañero tuviera que hacer uso del servicio y aproveché a escanear las huellas digitales de su vaso. Este sistema, ya en desuso, podría resolverme la duda. Mi terminal me mostró casi al instante una foto, yo no podía dar crédito a quien estaba viendo en aquella pantalla. Como en un acto reflejo me tomé de un trago mi copa y, con un gesto, pedí una nueva ronda. 

Al volver mi compañero de los urinarios yo ya había hecho los deberes. En cuanto sincronizara mi terminal, en la oficina local de cazadores, cobraría la mayor recompensa por un Nexus-6 de toda la historia. Como si aquel avejentado replicante, hubiera visto ese avaricioso brillo en mis ojos, alzo el vaso para brindar por ello. 

Yo sabía que en unos minutos le haría efecto la pastilla que le puse en la bebida y que, después de veinte años, habría cerrado el mayor caso de mi carrera. Por lógica, Deckard debería haber muerto hace muchos años, en su época la esperanza de vida de los Nexus-6 era de cinco años o a lo sumo diez en los modelos dedicados a cazadores como él. Pero como desapareció, después de su azaña retirando seis replicantes, pasó (por seguridad interplanetaria) a ser proscrito.

Las formas ante mis ojos empiezan a distorsionarse. Me llama la atención el azul chisporroteo de mi terminal en el microondas mientras, de fondo, sigo oyendo esa machacona canción. Un último destello de lucidez me descubre la cruda verdad… 

… Deckard debió cambiar los vasos, pero entonces… yo soy también un replicante.

… Y la radiación, lo mismo que con los animales, exterminó a la raza humana.

… Y, mi chip neuronal, será borrado antes de reimplantarse. 

¡Todo es una puta mentira!

martes, 8 de noviembre de 2022

MICRORRETOS: PERSONAJES ANTAGONISTAS

MICRORRETOS: PERSONAJES ANTAGONISTAS


Bueno, el tema me da para muchas variantes, sin necesidad de usar antagonistas famosos, con mis propios personajes; que ninguno es bueno ni malo del todo.
Voy a empezar con el micro requerido y dos más de propina. Más adelante, si la imaginación se porta antes de que el tiempo se agote, intentaré subir la apuesta.

Saludos y gracias por leerme.

miércoles, 19 de octubre de 2022

CONCURSO DE RELATOS XXXIII ED. EL GRAN GATSBY DE FRANCIS SCOTT FITZGERALD (Fuera de concurso)

Bueno, compañeros y lectores, para no marearos con entregas sueltas, aquí van cuatro relatos fuera de concurso que creo cumplen con lo solicitado; aunque sea a mi manera. Y para dar un respiro, a cada historia le he puesto una canción o tema musical.
Saludos y gracias.

martes, 4 de octubre de 2022

CONCURSO DE RELATOS XXXIII ED. EL GRAN GATSBY DE FRANCIS SCOTT FITZGERALD

 

CONCURSO DE RELATOS XXXIII ED. EL GRAN GATSBY DE FRANCIS SCOTT FITZGERALD


Mi querida Geisha

Cuando vi la reforma del bajo, que hasta entonces había sido una papelería, no tuve curiosidad alguna sobre a que se dedicaría el nuevo negocio. Cada mañana, yendo a trabajar y por la tarde regresando, durante aquel fresco otoño al pasar por delante del local en obras, miraba con desgana la evolución de las mismas.

Justo antes de las Navidades, cual flor de diciembre, un rótulo de gran inauguración, casi llenando el cristal de un generoso escaparate, hizo que me fijara en el nuevo comercio que casi a diario durante las últimas semanas había visto reformar. El misterio quedó resuelto al leer el nombre: 

Artesanía Oriental

Ese mismo viernes cuando volvía de la oficina vi bastante expectación en la tienda de marras y con acierto deduje que era la inauguración. Como vecino del barrio, sin tener otra cosa mejor que hacer, decidí echar un vistazo al local y de paso aceptar la copa de vino español que ofrecían como bienvenida. 

El interior del local era diáfano, salvo por una gran barra en escuadra y dos pequeñas cabinas al fondo que serian probadores de ropa. La artesanía estaba en vitrinas detrás mostrador en ele, así evitarían toqueteos innecesarios de la misma o fatales accidentes. En el lado opuesto, entre grandes percheros repletos de ropa, varias estanterías bien surtidas de complementos conformaban el resto del mobiliario.

Nada me causo mayor impresión, ni las prendas ni los adornos orientales, eran exóticos y vistosos; que después de ser vistos me acababan resultando, únicamente, indiferentes. Pero, todo cambió cuando la vi a Ella. Con su exótica presencia me quedé como hipnotizado, tanto que al dar un sorbo de vino de la copa la mitad del líquido se me escurrió por el cuello de la camisa. 

Aquella noche no puede pegar ojo tratando de rememorar con todo detalle la imagen de aquella mujer oriental ataviada con su vistoso kimono que solo realzaba, sí cabe más, sus perfectas facciones. Ni yo mismo podía creer que pudiera sentir algo así por ella con solo haberla visto una vez.

Desde aquel flechazo directo al corazón, cada vez que me aproximaba a la tienda de Artesanía Oriental, temía que los latidos que en mi pecho retumbaban como golpes de tambor me delataran. Pero, a pesar de ello, no podía tampoco evitar pararme unos segundos para localizar a mi exótico Amor. A veces estaba dentro, pero en otras ocasiones podía verla en el mismo escaparate.

Mi obsesión llegó a torturarme sin piedad, como decir en casa que me había enamorado de la Geisha de la tienda oriental. ¿Qué posibilidades tendríamos de poder estar juntos sin ser burla o menosprecio de cualquiera que me conociera? No encontraba salida para este Amor del Sol Naciente que en mi mente era todo un ocaso emocional.

Además, el tiempo jugaba en mi contra, porque quien me decía que por mi cobardía no hubiera otro que se me adelantara y se quedara con la Geisha. A ver, yo la amaba, pero otros mucho más ricos que yo si la vieran no tendrían problema en conseguirla al precio que fuera.

Los segundos de placer al contemplarla cada día en mis idas y venidas del trabajo no compensaban el sin vivir del resto del día en que me sentía, unas veces consumido y otras desesperado. Tenía que tomar una rápida decisión o mi lastimosa vida se extinguiría primero.

Ya no soy ningún chaval, pero al llegar la primavera su luz me iluminó. Decidí, casi sin pensarlo, dar el primer paso para así estar en condiciones de proceder con los siguientes. Mi jefe se sorprendió cuando solicité el traslado a la oficina, esa donde siempre había alguien interino al no aguantar nadie ni seis meses, pero que por el gran volumen de ventas había que mantener. La sucursal del norte de Noruega sería mi nuevo destino.

Por su parte, mis compañeros de piso, quedaron encantados con que yo me fuera. Así, a mi sustituto le podrían colar cien euros más de alquiler. Ya solo me quedaba ir a la tienda de Artesanía Oriental y llevarme por las buenas o al coste que fuera, a mi idolatrada Geisha. Como dijo alguien famoso, la suerte estaba echada.

En el comercio oriental yo ya era un cliente fijo. Ese que entraba casi a diario a comprar cualquier chuchería barata para poder así contemplar, con disimulo, a mi chicha muy de cerca. Esa mañana, nada más levantarse la persiana de la tienda un servidor estaba ya en la puerta como si la vida en ello me fuera y finalmente, sin importarme lo que nadie pudiera decir, Ella fue mía.

Aquí, en esta impronunciable ciudad donde el verano es una más que tímida primavera, estamos los dos juntos sin miedo a las críticas ni los prejuicios. Esta gente que vive tan al norte se mimetiza con el clima y no sé cual de ambos será más frío, pero nadie se mete en la vida de nadie. Así en mi casa, con Ella, yo soy feliz.

Todavía, en la sociedad actual, hay ciertos amores motivo de burla y escarnio, por muy platónicos que estos sean.

viernes, 1 de enero de 2021

Re: MICRORRETO: CONTINUARÁ

 

Noche de insomnio

Microrretos: CONTINUARÁ…
 

No podía dormir y había salido a caminar, era lo único que podía controlar la ansiedad de mi insomnio crónico. Los soportales de la Plaza Mayor devolvían el eco a mis pasos. No era prudente pasear de madrugada estas noches, recientemente había habido una fuga en el psiquiátrico. Un psicópata después de estrangular al director del centro, usando su bata blanca, salió como si nada por la puerta principal.
A medida que en mi cabeza repasaba este siniestro acontecimiento, sin darme cuenta aceleraba el paso. De repente, mi cadencia tuvo un redoble acompasado, y cuya reverberación me indicaba su proximidad.
Se paralizaron mis pensamientos, un sudor frío empezó a bajarme por la frente y la nuca como un gélido aliento. Mentalmente me situé y tracé una imaginaria linea recta hasta el portal de mi casa. No había mucha distancia, pero también el eco de mi perseguidor entre las sombras, era cada vez más próximo y fuerte.
Sin pensarlo eché a correr, en solo dos o tres minutos llegaría. Mi desquiciada mente me veía como un ratón a punto de ser atrapado por el gato. Con la llave en la mano, tembloroso por el miedo y el sobresfuerzo, tardé unos eternos segundos en poder abrir la puerta del portal. Corrí hasta el ascensor que, por suerte, estaba en la planta baja. Entré, empujando la puerta tras de mí, y apresurado apreté el botón de mi piso; tanto que no surtió efecto. De improviso la puerta, ante mis desorbitados ojos, se abrió.

(Continuara)


Texto corregido con las buenas indicaciones de Javier Rodríguez-Morán

 

MICRORRETO: CONTINUARÁ (finales)

Tanto por las buenas sugerencias en los comentarios, como de mi propia imaginación, pondré un par de finales alternativos refundiendo estas ideas. Me saldría alguno más pero, mejor dos aceptables que tres o cuatro infumables. Ajustándose, eso sí, dentro de la extensión máxima de 250 palabras.

Microrretos: CONTINUARÁ…

Final I (El psicópata)

Una inmensa mano de dedos fuertes y largos bloqueaba entre abierta la puerta del ascensor. Instintivamente me eché hacía atrás como tratando de ocultarme entre las paredes de la cabina. Por el tamaño de la mano esperaba ver de un momento a otro a un gigante frente a mí dentro de tan pequeño habitáculo.
Los segundos pasaban a cámara lenta mientras yo no podía quitar la mirada de la puerta que, ahora sí ya estaba del todo abierta. Ante mi una enorme silueta fue aproximándose a mi reducido espacio vital. La mirada vacía y fría de un rostro igual de inexpresivo fue el eco de mi aterradora visión. No había duda, este sujeto era mi perseguidor y ahora me tenía a su completa merced.
Sentí como me faltó el aire cuando aquellas tremendas manos se aferraron a mi cuello.
Quería gritar con todas mis fuerzas, pero no había aire alguno que pudiera expulsar. Notaba como la congestión, a medida que aumentaba la presión de sus manos, me hacían estallar la cabeza y los pulmones.
Una pesadilla donde despertar era la única opción que no parecía contemplarse o eso me parecía a mí en esos momentos. Jadeante y completamente sofocado me desperté, un cojín a saber como me cubría la cara por completo: respirar era mi única pretensión en aquel momento.
Dormirse en el sofá, de cualquier postura viendo una película de miedo, puede provocar pesadillas de lo más reales.


Final II (La Viuda Negra)

Una cuidada y delicada mano asomó tímidamente. El rojo intenso de sus uñas ya me dejó bien claro quien sería mi acompañante en el ascensor. Debí haberme dado cuenta por el ruido cuando venía que era más propio de unos tacones. Mi apuesta y elegante vecina del quinto; más conocida, por las otras comadres de la escalera, como La Viuda Negra tan solo por haberse llevado al otro barrio a tres maridos; aquí estaba, literalmente, vestida de negro dispuesta a matar.
Se disculpó conmigo por la carrera y el susto que me había dado. Con las prisas se había dejado las llaves puestas en la puerta y de ahí, a esas horas, al verme fuera yo su salvación. Al coincidir nunca habíamos pasado de un cordial hola o adiós; pero, en estas circunstancias, ya no teníamos hielo que romper.
Precisamente, Ella volvía de su cena de jubilación, con las prisas se equivocó de bolso y ni cartera o móvil llevó. Así que al verme me siguió como a un perro lazarillo.
La acompañé a su piso y, efectivamente, de la cerradura colgaban las llaves. Me ofreció un café como agradecimiento que no dudé en aceptar. Luego dentro, después de un par o más cafés y alguna copita de licor, me confesó su mayor secreto.
Era soltera, en bromas dijo lo de ser viuda tres veces y las cotillas ya se encargaron del resto. Entre las risas, que más de una comadre por el patio oiría, le juré guardar su secreto.

jueves, 22 de octubre de 2020

Re: XXIII EDICIÓN: 1280 ALMAS DE JIM THOMPSON

 Después de una siesta de más de un año hago esta entrada especial. Publicada originalmente en:

jm vanjav hasta en 500 palabras+

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKTGDwTIZOe0KUDt4g0tdE_Lnokc0psvuv-bV6f2FSrlrgLzdTDACTFWTfvWl2sVfO2AJV32xQRZwDQOYr2wIOSzjKFR60rZQsTnVpO1jy3ilLZj98uVh1n3nl4JmoUyOoG45wCbwXhUM/s2048/XXIII+EDICI%25C3%2593N+1280+ALMAS.jpg

 XXIII EDICIÓN: 1280 ALMAS DE JIM THOMPSON

 

 

 Tal para cual

No me gusta hablar de mí con nadie. Solamente lo hago en los bares de carretera cuando el alcohol de madrugada me suelta la lengua. Soy el centro de atención de los parroquianos que se burlan de mi verborrea etílica. Que cosas, cuando los dejó reírse a carcajadas de mí, mientras tambaleante trató yo de acercarme al servicio. Pobres infelices, ni por la cabeza se les pasaba que use la puerta trasera del callejón. La mecha lenta en el depósito de combustible me permite tiempo de sobra para volver dando tumbos hasta mi sitio y al poco oír como explotan sus rancheras como por arte de magia. Sus caras burlonas se vuelven de desesperación al comprobar como, sus queridos vehículos tuneados, acababan ardiendo por los cuatro costados. Ya se sabe que quien ríe el último lo hace con más ganas.

Mi personaje tambaleante por el exceso de bebida es la solida cuartada que me exime, a su pesar, de la autoría de esas fogatas rodantes. Incluso aquella noche en la que los moteros me invitaron cada uno a una ronda para emborracharme para con la misma quedarse con mi maletín de muestras de bisutería como premio. Pobres ingenuos, cuando sus motos explotaron ordenadamente como fichas de dómino, se olvidaron de mí y de mis muestras tratando desesperadamente de salvar algo más que chatarra quemada de sus monturas.

Todos tenemos algún punto débil y el mío fue la chica de la autocaravana. Astuta como una serpiente se acercaba a sus víctimas y los engatusaba con sus dos exuberantes buenas razones. A la mañana siguiente, en mitad de cualquier cruce secundario, aparecerían con una resaca monumental y en paños menores; los pobres paletos volverían a su casa, con el rabo entre las piernas, sin contar nada de lo ocurrido ni mucho menos con amago de denunciarlo. Conmigo la cosa cambió y, cuando me ofreció el último trago en su remolque, yo cambie los vasos y ella fue quien acabó drogada. Al intentarme aprovecharme de la situación no conté con el as de su manga. Un doberman que, de improviso y silencioso, me obligó a encerrarme en el minúsculo baño de la roulotte, hasta que Ella volviera en sí.

Por la mañana, reconociéndonos ambos los méritos del otro, decidimos probar a seguir juntos una temporada. Pusimos en común nuestras habilidades y, a parte de timar a los reprimidos aldeanos o quemar los vehículos de los más bocazas, competíamos entre nosotros para ver quien quedaría finalmente por encima del otro. Así empezaron nuestras andanzas que, casi a diario, tenían titulares en la prensa local y hasta estatal. Lo de la furgoneta que ardió con una pareja durmiendo dentro pasó como un desgraciado accidente. Cuando, en el servicio de un restaurante de veinticuatro horas, encontraron a tres miembros de una despedida de soltero con los pantalones bajados y sendos cortes de lado a lado del cuello ya no pareció algo tan accidental. La congregación religiosa asfixiada en pleno acto religioso, por una quema masiva de marihuana, tampoco tenía pinta de designio divino; más que nada por estar las puertas y las ventanas bloqueadas desde fuera.

La escalada de víctimas, que detrás íbamos dejando, aumentaba al tiempo que el círculo policial nos iba cercando. Decidimos hacer una última hazaña antes de cambiar de estado; después ya veríamos. La fortuna nos llevó a un pueblo limítrofe en plena celebración de una boda con todos sus vecinos presentes. Lógicamente no tuvimos el menor problema para colarnos en la fiesta y echamos en cada ponchera una buena cantidad matarratas o de laxante. Después nos sentamos placidamente a contemplar el espectáculo, ganaría quien más afectados suyos tuviera. Al poco el parque, donde se ofrecía el ágape, se llenó de retorcidos cuerpos por el suelo gritando. Los demás, a priori más afortunados, como podían medio ocultos entre los setos, defecaban compulsivamente.

Al día siguiente, desayunando al otro lado del estado, oímos la noticia de tan movida boda. Parece que nos confundimos en las dosis y, si bien con el laxante nos pasamos, con el matarratas nos quedamos cortos; los afectados por el veneno después de un lavado de estómago volvieron a sus casas. Los incontinentes sí tuvieron que seguir ingresados para poder estabilizarles; convinimos un empate técnico. Aprovechando que Ella fue al servicio, edulcoré su café generosamente con matarratas, para acabar con esa igualdad.

 
Como antes mencioné, Ella era mi punto débil. No me importó que condujera sabiendo que en minutos el veneno la haría retorcerse de dolor. En esta ocasión yo tampoco preví que, mientras fui a coger un periódico durante el desayuno, Ella me echará bien de laxante en mi zumo. Así justo, al empezar a descender por un zigzagueante puerto de montaña, tuve que irme inexcusablemente y la con la máxima urgencia al pequeño servicio de la autocaravana. Desde allí sentado la empecé a oír gritar de dolor, una y otra vez con más fuerza y angustia en cada alarido, sin que mi incontrolada evacuación me permitiera moverme de la baza. No sé cuanto duró su agonía mientras, a golpe de volantazos, íbamos bajando por ese retorcido puerto. Solo sentí como en un momento, mi cuerpo se elevó del improvisado trono, para a continuación inclinarse como en un vertiginoso salto de eslalon. Ella ya había dejado de gritar, así que finalmente, yo había ganado; al menos durante esos breves segundos, de nuestra caída libre, por el barranco.

viernes, 24 de mayo de 2019

Una entrada más

Con el tiempo las cosas se van asentando y este proyecto de blog no iba a ser la excepción. Los primeros tiempos dieron para colgar un montón de entradas más o menos inspiradas. Luego vinieron las lagunas, compensadas o no, con entradas cortas en otros blogs. Al final, la competencia directa de WordPress se ha ido llevando mis publicaciones. Y este, durante la última temporada solo ha sido un espejo del otro.

No voy a cerrar este blog, permanecerá durmiente como los borradores que no acabé de revisar y se quedaron sin publicar. Seguramente sin prisa le vaya puliendo algo e incluso reedite alguna entrada en otro foro. Por ello el timón de mis publicaciones y el relevo directo recaerá en:



https://jmvanjav.wordpress.com/

jueves, 17 de mayo de 2018

La tertulia de las diez: "El libro de la sabiduría"

Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.

La única posesión del viejo maestro era el libro de la sabiduría que de maestro a alumno se iba pasando como ritual de la madurez del conocimiento. Este buen hombre no tuvo suerte con los aprendices, por un motivo u otro, ninguno había llegado al nivel de conocimiento requerido o se habían cansado de esperar alcanzar ese estatus.

Ahora, el viejo maestro, sabedor que su vida en este plano de realidad tenia las semanas o los meses contados, necesitaba un discípulo a quien pasar esos conocimientos y no perderse con su muerte. Recorría todos los barrios de las ciudades que visitaba deseando encontrar un elegido digno de perpetrar tanto saber.

El escrutinio de la última ciudad le había llevado todo el día y el resultado era el mismo que si la hubiera pasado de largo. Era tarde para llegar a su siguiente destino sin hacer noche pero, para ganar tiempo, decidió caminar hasta un oasis que estaba a medio camino, así madrugando llegaría al pueblo siguiente todavía de mañana.

El oasis por su situación estratégica a medio camino entre las dos ciudades servia de abrevadero y posada por lo que siempre estaba concurrido de viajeros. Recientemente, el posadero, hombre ya muy mayor, había dejado todo el negocio a su mancebo, un joven muy emprendedor que fue allí abandonado de niño y el viejo posadero se hizo cargo de él enseñándole el oficio.

En cuanto el sabio vio al muchacho supo que ese iba a ser su discípulo, atendiendo allí todo el solo, se desenvolvía con una soltura fuera de lo normal. El joven ávido de saber acepto la proposición del viejo hombre. Se quedaría en el oasis los meses que le quedaran de existencia con comida y cama y él, por su parte, le inculcaría todo el saber al nuevo posadero.

Las semanas pasaron y se hicieron meses, así hasta treinta y seis. El viejo maestro teniendo un techo y comida asegurada sin tener que deambular de un sito a otro, alargo su estancia en este plano, por lo que el muchacho tuvo tiempo de alcanzar la madurez de un hombre y con sus enseñanzas seria un digno sucesor.

El posadero del oasis enterró a su viejo preceptor, no sin antes haber hecho, en su lecho de muerte, la ceremonia de la entrega del libro del conocimiento. Las enseñanzas  recibidas le fueron muy útiles y al poco tiempo ya tenia cuatro muchachos, abandonados de la vida como lo fue él, atendiendo el oasis: repartir el trabajo y ser generoso con la paga fue la primera enseñanza que le sirvió para su negocio.

Un espíritu emprendedor cargado de enseñanzas necesitaba ampliar horizontes, así el posadero del oasis dejo el negocio bien atendido por los cuatro sin hogar, que ahora eran como una familia, y se aventuro a compartir sus conocimientos por toda la región. A pesar de ser un hombre recién hecho, en cuanto hablaba, se notaba su gran sapiencia por lo que, rápidamente, se le conoció por el joven maestro.
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Con los años, la región se quedo pequeña y los viajes del nuevo sabio se extendieron hasta las fronteras de los países vecinos. En cada sitio dejaba perlas de su conocimiento, arreglando situaciones de todo tipo, como un juez de la vida que pone paz por donde pasa. Todos estaban asombrados, no solo por sus inteligentes y justos veredictos, también porque su libro de sabiduría nunca era abierto, no necesitaba de su consulta.

Este sabio no tuvo problemas para encontrar discípulos, en cada ciudad encontraba al menos un voluntario; la única condición que imponía, era la de viajar tres años juntos, dándoles un nivel en cada nueva temporada. De esta forma podía tener un aprendiz de primer nivel, otro de segundo y el, más avanzado, de tercer grado.

Cuando el joven maestro, ahora ya tan mayor como su predecesor, presintió que el cambio de plano estaba cerca, decidió pasar sus últimas semanas de vida en el oasis donde los cuatro muchachos, ahora hombres, mantenían prospera la posada. Al enterarse sus discípulos, ya maestros y los discípulos de estos, quedaron en ir a visitarle para despedirse de él.

Aquel día parecía una fiesta en el oasis, se habían juntado mas de cien sabios en el lecho del viejo maestro. Este, sabedor que le quedaba poco para cambiar de plano, hizo la ceremonia de entrega del libro. Abrió el grueso tomo de piel repujada, fue arrancándole las hojas y repartiéndolas entre todos los asistentes. A pesar del respeto que sentían, por quien fuera su maestro, los sabios se escandalizaron al recibir un trozo de papel en blanco. El murmullo parecía el de un avispero revuelto; solo uno de los presentes, precisamente la más joven de todos los maestros, entendió el significado de la ceremonia e intercambio una mirada de complicidad con el viejo sabio.

En su lecho de muerte; a pesar de haber enseñado a más de cincuenta personas, nunca discrimino entre jóvenes aprendices o aprendizas; sus conocimientos, solamente uno (una), entre todos ellos, las habían entendido de verdad. Igual que su preceptor, a quien muy pronto visitaría en el otro plano, solo tuvo un digno sucesor (sucesora).


lunes, 11 de diciembre de 2017

Desenlace de: Espejos by Anne

Desenlace del relato Espejos del blog Songs of my Soul 

Al día siguiente le pregunté a mi tía por la casa, el episodio con los espejos tendría que tener alguna explicación, ella me comentó que aquel caserón le había salido muy económico; además, los últimos propietarios, nada más rehabilitarlo lo pusieron a la venta, por lo que no tuvo que gastar nada en obras. Como dijo ella, doble chollo.

La cosa así quedó y me fui olvidando del asunto, la verdad que aquella enorme casa estaba muy bien y resultaba muy acogedora, demasiado. Al mes ya me tocaba peluquería y al ir me di cuenta que realmente algo había pasado con mi aspecto.

Me vi delante de los múltiples espejos del establecimiento y no me reconocía, era la viva imagen de aquel, maldito, espejo del caserón. El salón de belleza me volvió, con tinte y maquillaje, a mi edad real pero yo por dentro seguía sintiendo las arrugas y las canas.

Al volver a casa, estaba dispuesta a buscarme la vida como fuera, pero no seguiría, ni un momento más, bajo ese siniestro techo. Mi tía abrió la puerta, lucía espléndida y, aunque me doblaba la edad, parecía casi mi hermana gemela. Ante mi explosión de genio, yo soy de la rama impetuosa de mi familia paterna; la hermana de mi madre, hijapu... me contó el premio gordo del chollo del caserón...

... Sí, veras la casa tiene una antigua maldición, por la que a los que viven en ella, los quita esencia de vida y por lo tanto juventud. El trato es que el dueño no se ve afectado y recibe parte de esa juventud, a cambio no puede permanecer más de veinte años en ella, debe venderla por lo mismo que le costó y dejarla totalmente rehabilitada para el siguiente dueño.

Con estas premisas sólo una cosa podía hacer y la hice...

...Reescrituramos el caserón a nombre de mi tía y mío, las seis habitaciones que nos quedaban vacías las alquilaríamos baratas a chicas estudiantes; pero del último curso, así no notarían como los espejos les iban robando su juventud. 

Mi tía, la tranquila hermana de mi madre, y yo, la temperamental hija de mi padre, teníamos veinte años por delante donde, el reloj de la edad, estaría a nuestros pies parado.

Los espejos son tanto reflejo de nuestros ansiados deseos como de los temores más oscuros.


JM Vanjav WordPress

sábado, 9 de diciembre de 2017

La pluma estilográfica de Wali

A Wali le gustaba escribir pequeñas historias, cada vez que tenia una idea cogía su pluma estilográfica y ceremonialmente iba dejando el trazo de tinta, letra a letra, palabra a palabra, frase a frase, en el cuaderno de un renglón que siempre llevaba encima. Luego sí, lo transcribía a su portátil y allí, hacía toda la magia técnica, antes de publicarlo en su blog.

Todos los meses, religiosamente, iba a la vieja papelería del barrio a reponer cartuchos para su pluma y los cuadernos donde su imaginación se convertía en palabras. En esta ocasión, en el escaparate, había un cartel de liquidación por cierre. Al entrar vio que todos los artículos tenían un precio irrisorio, se ve que lo querían liquidar rápidamente. Por ese dinero se llevaría toda la existencia de cartuchos para pluma y los cuadernos de un renglón.

Al ir a pagar vio en la vitrina una pluma estilográfica en su estuche original y con un tintero por 1.500pts  9€, se quedo prendado del codiciado objeto y hechizado por su precio. Al llegar a casa la estrenaría, llenando hojas y hojas de cuaderno, con todas las imágenes que le bombardeaban la mente.

Era media noche y Wali con su nueva estilográfica en mano garabateaba una cuartilla suelta, al lado su cuaderno de un renglón seguía sin una palabra escrita. Se preguntaba cómo era posible, teniendo la cabeza llena de historias, pensamientos e ideas, pero incapaz de convertirlos en palabras. Muchas emociones para un día sin poderse canalizar, mejor ir a dormir.

Era sábado pero el despertador sonó como si nada a las seis, a Wali le daba igual, lo apagaba y se daba media vuelta para seguir durmiendo. Era una pequeña venganza hacía los días laborables, donde la media vuelta, se convertía en sentarse en la cama, para acabar de despertarse. Hoy no se vengó, se levantó como cualquier lunes, todavía seguía inquieto por lo del día anterior y sabía que no volvería a dormir.

Eran las seis y media y Wali estaba aseado, vestido y desayunado; sentado en su mesa, con la nueva estilográfica, en la mano. Ahora sí corría la tinta por el papel del cuaderno de un renglón, iba con trazo lento dibujando las letras, sin pausa ni borrón. Lo más sorprendente es que lo escrito no tenia nada que ver con lo que el autor pensaba, para nada; la imaginación iba en una o muchas direcciones, pero ninguna era la transcripción del cuaderno de un renglón.

Son las nueve de la noche, Wali ya ha pasado al portátil todo lo escrito con su estilográfica, también lo ha corregido y formateado. Está a un click de publicarlo en su blog, por última vez, pone la vista previa y lo lee...

Diablos, es justo lo que anoche soñé y al despertarme olvidé. Ahora ya se porque la estilográfica ayer se negaba a plasmar mis pensamientos, es muy especial, solamente escribe los sueños, esos que cuando despiertas se desvanecen y sólo te queda el recuerdo de haberlos tenido.IMG_20171208_224504
PD: Dedicado a un Wali                       JM Vanjav WordPress

jueves, 16 de junio de 2011

Dos meses sin tonterías, mas bien, dos meses tontos

Todos los proyectos que no se ejecutan se quedan en proyectos. Es una perogrullada, pero, tan cierta como verídica (ya van dos). Ha habido material de sobra, durante todas estas semanas, para hacer algún apunte plasmando alguno de estos proyectos.


El material ha sido diverso y, al margen de las opiniones-críticas de varias películas, hemos pasado unas elecciones con bastante poso y unos resultados muy azules; unas movilizaciones ciudadanas de protesta y rechazo, hacía una democracia, en un estado de evolución regresiva; y algún que otro pensamiento, mas o menos, interesante que se quedó en fábula mental difuminada y olvidada.


La comodidad se transforma en dejadez, además si no hay nada relevante que aporte algo nuevo, y no mera repetición de lo leído y visto en otros blogs, ser redundante acaba desinformando, además de aburrir. Para opiniones puntuales y vivas, el Twitter  no tiene rival, ha sido un sustituto que he usado mucho en este período y ha sido bastante gratificante.


Como auto crítica, no es bueno perder el hábito ni la periodicidad cuando se tiene un blog, los posibles seguidores pierden el interés y el autor atenta contra todo lo que, en otros tiempos, usaba de argumentos para los artículos lanzados. No voy a hacer promesa alguna pero si plasmare los proyectos, con mejor o peor suerte, para seguir dando continuidad a mis tonterías. 

viernes, 17 de diciembre de 2010

Publicidad, broma o mala leche

Para la limitada difusión, casi personal, de este blog; es curioso que con la siguiente entrada de búsqueda en google, aparezca una referencia a un mensaje que nada tiene que ver, de mis tonterías:



Lo puedo tomar como una publicidad indirecta e intencionada, una broma del indexador de google o mala leche por parte de alguien. No voy a traducir la búsqueda, a simple vista, se ve que es insultante y por las visitas, a través de servidores anónimos, que ha tenido cierta difusión en esos ámbitos. 


En fin, la broma de los hombres trajeados saliendo de un coche negro, se puede hacer real sin comerlo ni, mucho menos, beberlo. Claro está, que serán agentes en prácticas, los especiales y los doble cero los tienen para salvar al mundo de que sepa la verdad de las actuaciones de sus diversas agencias de tres siglas.


Somos pequeños muy pequeños, pero Internet no desperdicia un sólo bit y te pueden encontrar en la densa nube informativa que tienen. Esta anécdota, por llamarla de alguna manera, del Google, lo demuestra y a esperar acontecimientos. No por ello voy a dejar de seguir siendo un bocazas y desbarrar mas de lo debido, pero como dije al principio de la historia de este blog, es una vía de escape al mal humor y al estrés de la vida cotidiana.

lunes, 14 de septiembre de 2009

De las opiniones y las críticas

Opinar es y debe ser, al igual que pensar, libre. Es algo que todos podemos hacer sobre lo que sea, es hacer un comentario subjetivo de si nos gusta algo o no. Es mucho mas personal que expresar o hacerse eco de las opiniones de otros por falta de una propia o por miedo a mostrar la nuestra o simplemente por qué no tenemos nada que aportar.

Si algo que no cuesta nada y tenemos todo el derecho a expresarlo no lo hacemos, nosotros mismos, cuando menos, nos ponemos cortapisas a nuestra personalidad. Y si somos incapaces de decir me gusta o no me gusta mejor cambiar la lectura de esta imitación de blog y darse una vuelta por un portal de cotilleo con fotos, vídeos y noticias sabrosas sobre famosos conocidos o sus vecinos. (Es mi opinión por qué puedo y la hago)

En cambio, si opinamos de todo, aunque a menudo podamos meter la pata hasta el cuello, tendremos un mínimo de personalidad con gustos discutibles pero propios y definidos.

Ahora vamos con las críticas:

Hay quien en vez de opinar, que siempre lo puede hacer, directamente critica algo no siendo consciente de sus limitaciones acerca del tema y acaba alardeando de las mismas sin vergüenza ni apuro por ello. Uno solo debe o puede criticar algo de lo que forma parte activa y tiene conocimiento directo del asunto.

Que le vamos a hacer, a veces tomamos postura por alguien y nos hacemos eco de su crítica. Esto nos encasilla en el bando de los buenos (sean del signo que sean) por qué nos caiga bien el que critica o nos guste su forma de expresarse aunque no tengamos idea de su contenido. Esto no es correcto, cruzamos la linea de opinión y nos pasamos a la trinchera de la crítica.

Un ejemplo correcto (en mi opinión) seria la de un director de orquesta que es invitado a ver una corrida de toros y a la salida comenta que el espectáculo no le ha gustado y critica la ejecución de los pasodobles a cargo de la banda.

Como resumen cualquiera puede opinar sobre estas tonterías profundas y los que sean de letras además también podrán criticar la gramática y el estilo de este blog. :-)

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El mal y la cura

Como preámbulo o prólogo diré que hay males que la experiencia nos ha enseñado una cura y sin ser mágica al menos nos alivia.

Tres ejemplos simples:


• Si estamos tristes melancólicos o con ánimo de romántico en luna nueva no hay nada como llorar. Al rato se nos ponen los ojos como un vampiro, rojos, húmedos y ardientes pidiendo gafas de sol. En cambio, la angustia se ha transformado en hambre, ganas de una copa (tomarla con las gafas oscuras de noche tiene su morbo), escuchar música o hasta ver una peli; leer también puede apetecer pero con los ojos así iba a ser un poco jodido. El lastre de lágrimas soltado nos ha hecho salir a flote y seguro que escuchando musiquilla con un buen copazo (hay que recuperar líquidos) hemos salido ganando con el trueque.

• Cuando nos pasamos con la bebida, sobre todo en ayunas, las nauseas frenan la euforia de la presencia del alcohol en sangre y lo que empieza como una buena y alegre fiesta se va tornando como una amenaza de tormenta en toda regla. Pues lo mejor, al primer síntoma de mareo es provocar el vómito, son cinco a diez minutos como pasar el Cabo de Hornos nadando. Pero después que se recupera la color y con ayuda de un bocata en condiciones se puede seguir la fiesta y volver a coger el punto vacilón con la bebida.

• En momentos de estrés mental donde se mezclan sentimientos, situaciones, pensamientos, elucubraciones, fantasías, deseos, absentismo laboral, desmoramiento de ideales, recuerdos buenos, experiencias dolorosas, puntos blancos que no significan nada, agujeros negros en la memoria que te recuerdan (menudo contrasentido) que tienes que hacer algo con tu alma y mas sentimientos. En estos momentos la válvula de escape es soltar parte de esta presión escribiendo aunque sean tonterías sin ton ni son ni rima ni acentuación y con gramática o estilo que mas bien parece todo lo contrario.

Y en estos tiempos la mejor aspirina para esto es un blog, así que tontería a tontería pienso quitarme la jaqueca intelectual o al menos dejarla asumible hasta la siguiente dosis.