Entrada más destacada

Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende. (La finca de la curva)

  Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende. La finca de la curva El pueblo donde de crío pasaba los meses de julio y agosto fue dura...

Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de octubre de 2023

CONCURSO DE RELATOS XXXVIII ED. MATAR UN RUISEÑOR DE HARPER LEE. "Los olvidados del sótano"

 

CONCURSO DE RELATOS XXXVIII ED. MATAR UN RUISEÑOR DE HARPER LEE.



Los olvidados del sótano

Las oficinas, sobre todo las que ocupan un edificio entero, son en sí mismas una completa sociedad en horario laboral; cual hormiguero humano.  En mi primer año laboral yo fui una mezcla entre becario, chico de la fotocopia, y cartero, de una importante firma únicamente nacional; Pero, eso sí, con un inmueble propio de seis plantas.

En este tipo de empresas la lógica piramidal establecía que cuanto más arriba llegaras también lo haría el salario así como que el trabajo se basaría en tomar decisiones sobre las tareas de la planta inferior. Por ello, los jefes ejecutivos de la sexta aprobarían, o no, los procesos de los directores generales. Y estos, a su vez, sobre los objetivos de los responsables de departamento de la cuarta planta.

Llegar a encargado de sección era la meta profesional a la que los empleados normales podíamos aspirar, aunque quedarse en técnico de departamento del segundo piso o de servicios de la primera era lo más habitual; incluso, de atención al público, en la planta baja.

Yo aquel año empecé desde abajo, en el mismo sótano donde se ubicaba el archivo y custodia de toda la documentación de la empresa. Tanto la física como la informatizada en el servidor. De ahí mi multifuncionalidad, fotocopiando, escaneando, o como cartero recogiendo y entregando sobres por todas las plantas.

Mi jefe (jefa) era el único responsable departamental que no tenía su despacho en la cuarta planta como sus homólogos. En su primera etapa laboral, gracias a un curriculum con tres licenciaturas y dos doctorados (ni los de la sexta tenían ese nivel académico), promocionó rápidamente. Pero en aquella época era la única mujer titulada y, las mentes mal pensantes, vieron a Dios creando un responsable de archivo y custodia de documentación. Y algo que iba a ser puntual y provisional pasó a ser una cadena perpetua dado que aquel (hasta entonces) infravalorado departamento empezó a ser eficiente y operativo gracias a ella.

Con el paso de los años, los de arriba (muy intencionadamente), se fueron olvidando de aquella perla relegada al sótano del edificio. Y mi jefa, por su parte, fue asumiendo asumió que allí acabaría su carrera laboral; sin más reconocimiento que el de su perfecta organización (y la correspondiente prima), pero sin opciones de subir planta alguna. Y eso que, cuando yo fui contratado, en la sexta ya había una ejecutiva (una simple licenciada, pero hija de uno de los socios); más dos arpías en el quinto piso, la de directora de recursos humanos y la de compras (también con algún apadrinamiento poco transparente).

Estuve tres meses a prueba y doña Reme (para su mala estrella Remedios se llamaba mi jefa), a pesar de ser bastante estricta (y hasta gruñona) me permitió seguir; a pesar de varias torpezas acordes con mi inexperiencia. Ella no era tan vieja como para ser mi madre, pero sí esa hermana mayor mandona y seria. El caso es que en un par de años, en aquel sótano nos quedamos nosotros dos solos, mis otros compañeros (todos con alguna tarjeta de alguien superior) promocionaron de planta. Y, estando ya todo informatizado, la empresa consideró que, con un responsable y un ayudante, el departamento de documentación y custodia ya estaba bien dimensionado.

Mi temprana promoción (aun siendo allí abajo) me vino muy bien económicamente y sé que Remedios tuvo mucho que ver con ello. En los siguientes años optimizamos tanto el departamento que salvo para los buitres de la sexta establecimos un horario de entrega y recogida de documentación que, a pesar de las críticas de los de la cuarta y quinta planta, mejoró aún más nuestra eficiencia. Tal vez por eso, nuestros compañeros de arriba, nos pusieron los motes de la bruja y el chupatintas del sótano.

Yo ante aquel menosprecio, una mañana tomando un café los dos (dentro de nuestra cueva habíamos habilitado un cuartito a modo de cocina), rompí el hielo jerárquico y empecé a tutear a Remedios. Ella (mi superiora) ya lo hacía desde el primer día y, entre risas, me dijo: «Ya has tardado en decidirte». 
Aquel momento fue tan mágico, en muchos sentidos, que a ambos nos libró de todo el mal rollo que ese sótano nos había provocado.

Nos habíamos liberado de esa enfermiza frustración laboral reflejada en nuestros rostros, ahora podíamos mirar con cordialidad; y, hasta cómplices, sonreír. Nuestra metamorfosis motivó en todo el edificio el rumor de que fijo manteníamos relaciones. Con la próxima absorción de la empresa por una multinacional, los de arriba decidieron que los amantes del sótano (como nos llamaban ahora), sobrábamos; máxime teniendo tan automatizado el departamento de archivo y custodia.

Una comitiva encabezada por la directora de recursos humanos y cuatro o cinco pedorros más de los últimos pisos bajaron a nuestro sótano a avergonzarnos por nuestra falta de pudor y decencia, exigiéndonos con intimidación (literalmente insultos) firmar 
un despido por causas objetivas para evitar juicios y más escándalos. Reme y yo, después de mirarnos con sorpresa, no pudimos evitar soltar una carcajada.

La sentencia en el juicio fue muy clara, tanto que ninguno de aquel comité puritano forma parte de la plantilla de la nueva empresa. Nuestro sistema de trabajo incorporaba numerosas cámaras de seguridad y lo único escandaloso que recogieron fue aquel amago de linchamiento. Ahora, Reme dirige el centro de datos de la multinacional desde una séptima planta; y yo, soy su compañero, a jornada completa.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Quién no es extremista?

Creo que los conceptos de radicales, intransigentes o extremistas los tenemos asociados a grupos, agrupaciones, sectas o religiones; en concreto a sus adeptos, afiliados, simpatizantes... Nos olvidamos de una inmensa mayoría de extremistas que no están en esos colectivos, nosotros mismos.

Hoy en día, un uso de las redes sociales es el boicot (linchamiento) a una empresa, tienda o departamento de alguna entidad, en cuanto hemos tenido un problema con ellos. Partiendo de la premisa que tenemos razón, normalmente es así, magnificamos nuestra demanda para que con su repercusión obtener qué, en concreto?

No ponderamos la situación, afortunadamente ninguna es de vida o muerte, y vemos que si con nosotros han metido la pata con otros 100.000 o 1.000.000 lo han hecho bien; es decir, con un margen de error insignificante. Pero como nos ha tocado a nosotros ya merecen que los cortemos la cabeza públicamente. Si a nosotros mismos, cada vez que hemos hecho una pifia en el trabajo, nos hubiera pasado esto creo la mayoría estaríamos en el paro.

Sinceramente creo que no deberíamos sacar los pies del plato, el tema se arreglará y echar leña al fuego no nos da más razón por mayor apoyo que tengamos. Si no hubiera otra vía pues a quemar el bosque para espantar los lobos. No hablo por hablar ni por defender multinacionales, la fuerza solo cuando sea necesaria. Se lo que es estar en situación de indefensión durante meses y curiosamente su enlace comercial de Twitter, en correos privados dando mis datos, me encauzó el tema y se fue resolviendo.

Por experiencia lo primero que valoro antes de reclamar es si me merece la pena el tiempo que puedo perder en dar explicaciones. Después, ya se que hasta el segundo o tercer filtro de atención, no voy a conseguir nada. Al final, me darán la razón y todo arreglado menos el tiempo perdido, el cabreo me lo ahorro yo mismo. Ellos no son tontos, manejan estadísticas y saben que actuando así mejoran sus ratios de calidad, además, a mayor nivel mejor atención por parte de quien atiende.

JM Vanjav WordPress

jueves, 14 de diciembre de 2017

El crematorio municipal de mi pueblo

Mi pueblo no era grande ni pequeño, uno de tantos que con el tiempo cambio los campos de maíz por urbanizaciones, así con los años el cementerio se quedó sin plazas. La nueva corporación municipal, ahora de traje y corbata en vez de boina y pana, tuvo la gran idea de recalificar la parte municipal del camposanto. El proyecto básicamente consistía en sanear tumbas y nichos realquilando unas y otros. Las  celdas adosados serian como los bloques de viviendas, cada uno podría albergar las cenizas de una familia entera hasta la abuela. Para los más pudientes, en la tierra, habría panteones de uno o dos metros cuadrados a modo de chalets familiares, en este caso independientes, para las cenizas con pedigree.

Claro, esto pedía un crematorio municipal para acomodar adecuadamente a los nuevos inquilinos del cementerio, por lo que el pelotazo garantizaba la viabilidad del negocio de la muerte en mi pueblo. Los precios seguían siendo los mismos, caros; pero ahora, tanto en nicho como en panteón, te entraba la familia entera, por lo que a la larga ahorraban dinero, salvo la minuta de la pira funeraria que era otro riñón.

Puestas así las cosas y viendo que el negocio no necesitaría una revisión, hasta que todos estuvieran calvos dentro de cien años, se aprobó por unanimidad. Lógicamente, una de las prebendas del consejo municipal era un panteón familiar con casita para las cenizas de las mascotas, ósea el de dos metros cuadrados.

Ahora viene la parte macabra de tan genial negocio:

Después de las obras de adaptación del cementerio y de hacer la capilla crematoria, las arcas municipales se quedaron con un agujero casi negro, al que ciertas comisiones y dietas engordadas fueron también a parar. Hacía falta una buena gripe, que se llevará unos cuantos viejos por delante, para afrontar las primeras letras del banco; así que formaron una comisión de viabilidad del cremanterio.

El médico del pueblo ese primer mes, después de la inauguración del nuevo cementerio, no daba a basto con las visitas tanto en consulta como a domicilio. Se había corrido la voz, que al estanque habían migrado unos patos chinos con fiebre aviar, y todo el mundo se quiso vacunar, al ir notando problemas respiratorios al poco tiempo.

A los dos meses, se reunió la comisión del viabilidad, estaban exultantes, los ingresos se salían de la gráfica prevista y decretaron, para evitar suspicacias, que tenían que hacer un viaje en búsqueda de nuevas equipaciones; precisamente, al lado de la gran muralla china, y  con un mes de duración, al menos,  para formalizar el pedido con los correspondientes cursos de manejo del nuevo horno. Con tanto título, ya sabíamos que los diez de la comí se iban a ir un mes de vacaciones de lujo, con todos los vicios pagados, pero como había dinero para ello miramos para otro lado.

Justo con la vuelta de nuestros héroes de China, vino la hecatombe; la policía había precintado, el crematorio por emanaciones tóxicas, al haberlo autorizado el ayuntamiento, sin filtro de humos; la consulta del médico, que casualmente también era del consejo municipal, la farmacia, el farmacéutico ídem de ídem, al encontrar vacunas caducadas para la fiebre aviar no aptas para su uso, y en la botica garrafas industriales de gas cloro. Mientras uno se cargaba a los jubilados por inyecciones letales, el otro les quemaba las vías respiratorias con el corrosivo gas, así que no se salvo ninguno; incluyendo como daños colaterales a los asmáticos y a los hipocondríacos.

La última vuelta de tuerca fue que muerto el viejo fuera pensión y, precisamente, al ser un pueblo venido a más por las urbanizaciones tipo guay, la economía se basaba en las buenas jubilaciones de los convecinos; y, en el caso de los lugareños de toda la vida, en las pensiones de los abuelos. Ahora todos en el otro barrio, el moderno cementerio de mi pueblo, los ingresos quedaron diezmados; las arcas con el viaje a China volvió, de nuevo, a un agujero sin remisión;  sin crematorio, al estar precintado, tampoco podía haber el más mínimo ingreso.

Así, el negocio de los vivos, acabo con todos los viejos muertos; y el cementerio, realquilado a los pueblos vecinos, para poder pagar, al menos, al jardinero. 

JM Vanjav wordPress

martes, 7 de diciembre de 2010

Monólogo: La idiosincrasia de las mujeres

Este post no es discriminatorio, ni insultante, ni vejatorio, contra las mujeres. Simplemente es una aportación personal, sobre su complejo carácter y su forma de actuar en ciertas situaciones, que rompe con la lógica simplista de los hombres.


En el genero humano, quien tiene las cosas claras del entorno que le rodea, y sabe con certeza sus metas, desde casi el principio de su existencia, es el sexo femenino. Es algo que va unido con sus capacidades perceptivas y funciona en automático. Creo que no hace falta ser muy inteligente, ni que entre en detalle, para habernos ya dado cuenta de ello.


Los juegos típicos de las niñas, son auténticos entrenamientos y desarrollo de sus capacidades. Los niños, en cambio, practican con la imaginación en el sentido mas lúdico. Aparentemente todo son juegos de niños, pero como prueba de lo que digo, solo hay que observar la diferencia de madurez intelectual y social, que tienen los críos y las crías, justo cuando empiezan en el instituto con doce años.


Con esta ventaja, las mujeres no necesitan ser manipuladoras activas (que las hay), para organizar su vida y obtener, en la medida de sus posibilidades, lo que ambicionan. En casos extremos y en sociedades discriminatorias, lo tienen mas difícil, pero en el mundo que yo conozco, la mayoría aprobaría con buena nota.


En el juego social y por lo tanto de relaciones, las mujeres aplican una reglas muy suyas que matizan en función de los acontecimientos. Es muy normal, que como base de una relación o amistad, pidan sinceridad y comunicación, internamente dan por hecho que el hombre es propenso a mentir y ocultar cosas. Es una jugada brillante; los hombres que ocultan cosas y engañan creen que ellas no lo saben, mientras, los honestos piensan que están jugando en igualdad con las mujeres.
La realidad es otra bien distinta; Las mujeres saben, perfectamente, cuando y que preguntar para desbaratar a su oponente. Creo, que todos hemos sudado en alguna situación de estas, y, a veces, hasta por algo sin mayor importancia.
Por otra parte, cuando ya no les interesa seguir, directamente, se olvidan de la sinceridad y de la comunicación haciendo borrón y cuenta nueva. Su capacidad de pasar de cien a cero es instantánea y unilateral, algo impensable, por los hombres, en un ser sensible y social.


Seguramente a nivel laboral, haya colectivos y empresas que discrimine al sexo femenino, lo cual me parece totalmente fuera de lugar. Socialmente, en cambio, ellas generalmente siguen dictando las normas y continúan con su situación de dominio. Lo que se se lleva dentro, se practica toda la vida desde la infancia, es complicado después de compartir en igualdad.


Esto que he comentado es valido y de aplicación para cualquier tipo de relación, afectiva, amistad, laboral, la que sea. Alguien ha intentado ganar a un trilero?, si? pues como sea bueno, no necesita hacer trampas para llevarse la apuesta casi siempre. Lógicamente, esta tontería de hoy, es mi apreciación personal, a lo largo de bastantes (muchos) años, tanto como participante o como testigo. He presenciado, involuntariamente, conversaciones entre chicas, que eran auténticas disecciones forenses por cosas triviales, en las que han hecho gala de su pulso y certeza. De lo personal me lo cayo, que por algo es personal. :)


No voy a echar mas leña al fuego, cada uno tenemos que asumir nuestro papel, hombre o mujer. El sentido de rebeldía y la perseverancia, son los estímulos que nos pueden dar opción de igualar esa partida, con esas reglas tan elásticas, que ni con la experiencia llegamos a controlar (jugando honestamente). Es el mayor de los desafíos cotidianos, de nuestra vida social, con las mujeres.