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Mostrando entradas de abril, 2010

Hay días que hasta Murphy puede parecer un optimista convulsivo

No es por querer ser gracioso o más cínico que de costumbre pero, realmente, hay días en los que hasta las circunstancias mas cotidianas se alían en una cruzada contra uno, sin darnos tregua ni respiro. No es una cuestión de mala suerte y de que todo lo negativo lo atraigamos como un imán. Es una simple cadena de pequeñas fatalidades que nos va amarrando y, si bien no nos fondea, si nos deja con el agua a la altura de los ojos. Lo peor de todo es la combinación térmica, je je je; la cabeza llega a inflamarse con tanta acumulación de imprevistos negativos pero, por otro lado, nos sentimos helados por la falta de capacidad de no poder solucionar tanto despropósito junto. El remate es que siempre nos acontece en los momentos de menos reflejos y con una  falta de soltura intelectual casi desesperante.  No es algo que ocurra a diario (ufff, afortunadamente), pero si con cierta previsible regularidad y nunca de una manera llevadera. Utiliza la misma filosofía que el suplicio: Infringi

La verdad de las cosas que decimos y de las que nos dicen

Hoy toca tontería en toda regla, cuatro días de asueto dan para esto y mas. Después de haber consumido la mitad de las mini vacaciones, en una reposición del estrés personal, y de la mejor hora robada al sueño del fin de semana pasado, viene el ratito de reflexión, nunca están a gusto las neuronas de uno. Hay algo que con el tiempo llegamos a dominar y manejamos con maestría. Es la forma de matizar las cosas que decimos. Si, podemos decir algo y maquillarlo tanto o mas que nuestro propio aspecto. No solamente usamos la entonación que más nos interesa, si no que además, las frases y los giros que empleamos, acaban alterando tanto el mensaje original que ni con una prueba de ADN le encontraríamos la paternidad. Aun cuando se pretende ser objetivo, al hablar, añadimos diversos matices subjetivos. Con tantas variables, la única manera de sacar algo en claro, radica en el conocimiento que tengamos del interlocutor y de la confianza que este nos merezca. Esta claro que creernos por