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lunes, 29 de enero de 2024

Los colores. (El Tintero de Oro)

 

Los colores

La ruta

Los días soleados invernales, de impoluto cielo azul, son señuelos para caer en la trampa de hacer una ruta de montaña. Aquel sábado coincidió que todos mis compañeros de caminatas estaban celebrando tan buen tiempo fuera de la ciudad, pero yo opté por darme un paseo por la senda del valle que rodeaba el parque del Pico Blanco. Sí, eran veinte kilómetros, pero de baja dificultad, con todos sus caminos y cruces muy bien señalados. Mi excursión comenzó a medio día, pero para la hora de la merienda ya estaría de vuelta.

El azul entre las copas peladas de los árboles contrastaba con la fina alfombra de nieve que cubría el camino, siendo algo más espesa en el sotobosque. Con el sol a mi espalda, iluminando tan hermoso paisaje, yo no podía por menos que parar (a cada momento), para inmortalizarlo en Instagram.

Mi entusiasmo artístico se truncó cuando el anaranjado ocaso (junto con la batería del móvil) me hizo recordar que todavía estábamos en invierno con menos horas de luz. Por la última indicación me encontraba justo a mitad de camino y, tanto seguir adelante como retroceder sobre mis pasos, me daría lo mismo.

Mientras iba entrando la noche, también una bruma empezó a llenarlo todo hasta convertirse en una tupida niebla, tan gris como húmeda; sentenciando así mi caminata. Acabé totalmente desorientado, en tan fotogénico escenario, con aquella parca negrura. Yo nunca pensé que esta sería mi última ruta; pero, para la prensa del lunes siguiente, así fue.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El espejo del contenedor

Regresaba hace un mes a casa a eso de las ocho de la tarde, se me había atragantado un informe en la oficina; y de propina el siguiente bus, tardaría en pasar, lo mismo que yo en llegar a casa caminando. Estaba helando por lo que llevaba buen paso, como para estar media hora esperando al autobús 6, en quince minutos atravesaría el desangelado polígono. No había ni un alma, ni andando ni circulando en coche, por la larga avenida; solo, de vez en cuando, entre las naves industriales, asomaba una tímida luna llena.

Ya estaba sólo a dos manzanas de mi portal y, apoyado a uno de los contenedores de basura con los que me cruzaría en unos pasos, vi el reflejo de un objeto sin identificar. Al llegar a su altura reconocí un viejo espejo con un marco de madera. Me paré a darle un segundo vistazo, el reflejo era borroso pero seguramente sería falta de limpieza.

No lo pensé más, a luz de mi salón, corroboré su buena calidad, con un poco de limpieza tendría un espejo de colgar sin gastarme nada. Le pasé un paño húmedo y para mi sorpresa se veía perfectamente, la neblina del vidrio había desaparecido por completo, debía de ser sólo una costra de polvo y grasa adheridas. Me faltó tiempo para ir al cuarto de invitados y sustituir el pequeño de plástico, que allí tenia, para colgar un espejo como es debido.

A partir de aquella noche, dormí como hacía mucho tiempo, de un tirón y descansado. No sólo eso, mis problemas de estómago, también desaparecieron; y lo más curioso fueron mis ingresos extra, no soy jugador pero la primitiva semanal me toco cuatro veces, eran premios pequeños, pero en ese mes saqué para tener unas buenas vacaciones de verano.

Después de cuatro semanas, como si de un mes lunar se tratará, mi vida volvió a la normalidad; dormía regular, tenía alguna molestia digestiva y no me tocaba ni la devolución. Pensando en ello, me di cuenta que todo había empezado en la noche que recogí el espejo, ni me había vuelto a preocupar de él. Por curiosidad o por morbo, instintivamente, fui al cuarto de invitados, y allí seguía colgado, salvo que una blanca niebla ocultaba cualquier reflejo en él.

Lo descolgué con intención de limpiarlo de nuevo, pero al darlo la vuelta vi una pequeña inscripción, que la primera vez se me paso por alto:

Este espejo está maldecido por las almas de los que murieron encerrados en este manicomio. Quien lo encuentre si lo limpia, tendrá un ciclo lunar afortunado, hasta que la niebla de las almas vuelva a eliminar todo reflejo. El maleficio pasará de poseedor en poseedor hasta que la noche eterna libere las almas.

Sanatorio mental Victor Frankenstein, 1898
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No soy supersticioso pero, esa misma noche, dejé el espejo apoyado junto al contenedor de basura de mi portal.

JM Vanjav WordPress

Desenlace de: Espejos by Anne

Desenlace del relato Espejos del blog Songs of my Soul 

Al día siguiente le pregunté a mi tía por la casa, el episodio con los espejos tendría que tener alguna explicación, ella me comentó que aquel caserón le había salido muy económico; además, los últimos propietarios, nada más rehabilitarlo lo pusieron a la venta, por lo que no tuvo que gastar nada en obras. Como dijo ella, doble chollo.

La cosa así quedó y me fui olvidando del asunto, la verdad que aquella enorme casa estaba muy bien y resultaba muy acogedora, demasiado. Al mes ya me tocaba peluquería y al ir me di cuenta que realmente algo había pasado con mi aspecto.

Me vi delante de los múltiples espejos del establecimiento y no me reconocía, era la viva imagen de aquel, maldito, espejo del caserón. El salón de belleza me volvió, con tinte y maquillaje, a mi edad real pero yo por dentro seguía sintiendo las arrugas y las canas.

Al volver a casa, estaba dispuesta a buscarme la vida como fuera, pero no seguiría, ni un momento más, bajo ese siniestro techo. Mi tía abrió la puerta, lucía espléndida y, aunque me doblaba la edad, parecía casi mi hermana gemela. Ante mi explosión de genio, yo soy de la rama impetuosa de mi familia paterna; la hermana de mi madre, hijapu... me contó el premio gordo del chollo del caserón...

... Sí, veras la casa tiene una antigua maldición, por la que a los que viven en ella, los quita esencia de vida y por lo tanto juventud. El trato es que el dueño no se ve afectado y recibe parte de esa juventud, a cambio no puede permanecer más de veinte años en ella, debe venderla por lo mismo que le costó y dejarla totalmente rehabilitada para el siguiente dueño.

Con estas premisas sólo una cosa podía hacer y la hice...

...Reescrituramos el caserón a nombre de mi tía y mío, las seis habitaciones que nos quedaban vacías las alquilaríamos baratas a chicas estudiantes; pero del último curso, así no notarían como los espejos les iban robando su juventud. 

Mi tía, la tranquila hermana de mi madre, y yo, la temperamental hija de mi padre, teníamos veinte años por delante donde, el reloj de la edad, estaría a nuestros pies parado.

Los espejos son tanto reflejo de nuestros ansiados deseos como de los temores más oscuros.


JM Vanjav WordPress