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MICRORRETOS: ¡ENTRE MITOS SE ESCRIBE EL MICRO!

  MICRORRETOS: ¡ENTRE MITOS SE ESCRIBE EL MICRO!  Yo, el gran olvidado

miércoles, 30 de noviembre de 2022

MICRORRETOS: PERSONAJES ANTAGONISTAS (III)

 

MICRORRETOS: PERSONAJES ANTAGONISTAS

Entradas anteriores del reto:

En esta última entrega uso al mismo personaje en varias situaciones para demostrar que su postura antagónica depende de las circustancias.


Los pecados míos y de mi familia


Ira

Descubrí la ira aquella tarde que al entrar en la sala vi a mi perro destripado en mitad de la alfombra. Yo volvía de la escuela aquella escena me impactó. Después de mirarlo, llorando de impotencia y rabia, decidí coger una bolsa de plástico y con mucho cuidado meter aquel cuerpo abierto en canal y todos los restos en una bolsa de plástico.

Al estar yo solo en casa decidí esperar a la cena para pedir las explicaciones a mi familia de este trágico suceso. Entre risas mi hermano (en el último curso de instituto) y mi hermana (casi abogada y haciendo prácticas en una aseguradora) se rieron a duo mientras señalaban a Pulgas (nuestro cachorro de pastor alemán) como perpetrador. Mis padres disimulaban como podían la sonrisa, pero se les escapaba algún ruidito de complicidad.

Yo también supe desde el primer momento que Pulgas era el criminal, pero él no llegaba a la balda donde mi viejo perro de peluche cogía polvo desde hace años. Alguien o todos ellos se lo habrían dado para jugar y el resultado fue el predecible en cuanto las costuras cedieron a los colmillos del juguetón cachorro.

Estaba claro que a medio curso para empezar el instituto no iba a llorar por mi primera mascota de serrín, pero si podría vengarme por la afrenta. Y empecé a recabar con mucha paciencia información de mis padres y hermanos para llegado el momento poder equilibrar la balanza.


Pereza


La verdad es que con el tiempo se me fue olvidando la venganza. No había comparación de cuando pequeño salía con mi perrito de peluche al parque a jugar a ir ahora con Pulgas. Más que pasear desfilábamos delante de todos, en especial de las compañeras de insti. 

Teniendo tan buenos planes, era el único de clase con perro, me daba una inmensa pereza buscar algo para confrontar a mi familia por el perricidio de mi primera mascota. No obstante, el propio Pulgas fue quien me saco de esa desidia cuando una tarde, al regresar del paseo, se puso a olisquear la mochila de mi hermano.

En la media hora que tenía, antes que nadie más llegará a casa, hice un exhaustivo registro de cada uno de los compartimentos de la bolsa de lona. El ladrido de Pulgas, avisando de que alguien estaba abriendo la puerta, coincidió con mi descubrimiento. En un pequeño bolsillo, interno con cremallera, apareció ante mí una bolsita de plástico conteniendo algo parecido a hierba. 
 
A mi hermano ya se le había caído el pelo ahora que yo sabía donde y como ocultaba su suministro de marihuana. Literalmente, él y sus amigos porreteros se iban a cagar. Mire por Internet con que podía mezclar esa hierba para que tuvieran un viaje al váter que nunca olvidaran.

La comida de aquel domingo fue inolvidable para mí, mi hermano más verde que una acelga, no dejó de visitar el baño en todo el día. 


Lujuria I


Visto el éxito con mi hermano; que a partir de aquel día debió romper con sus colegas por la monumental cagalera, aparte de que ellos le debían de timar hasta en la compra (al final hice hasta una buena labor y todo); me dediqué a espiar a mi hermana.

Ella era la mayor y la más sería de los tres hermanos, hasta tenía un novio formal. Eso no me detuvo y me estuve colando en su cuarto, amarrando a Pulgas en la puerta de la calle para que me avisara, todas las tardes que tenía ocasión. Mi búsqueda era sistemática y selectiva, fijo que algo ocultaba doña perfecta.

Únicamente necesité de tres tardes para encontrar en el fondo de su armario un maletín con cerradura de cuatro dígitos. No era el portafolio que usaba para trabajar y al estar semi escondido entre jerséis y vestidos seguro que algo bueno ocultaba. Probé varias combinaciones sencillas y su año de nacimiento y nada.

Los siguientes días seguí intentándolo hasta que caí que siendo tan lista igual utilizo su nota de revalidada y la del examen final. ¡Bingo! Dentro solo estaban sus queridos títulos y diplomas y un grueso cuaderno que necesitaba de una pequeña llavecita. Sin saberlo había encontrado su diario.

Localizar la mágica llave solo fue cosa de revisar minuciosamente su joyero. Lo que en aquellas páginas contaba mi hermana me dejó clavado, un secreto al que yo bien sabría sacarle provecho. 


Lujuria II


Su verdadero amor resultó ser su amiga de toda la vida y su supuesto novio, como no, era gay. Ambos, por su orientación, intimaron rápidamente y fueron coartadas públicas el uno del otro. Eso fue en el tercer año de facultad porque en los dos primeros tuvo rollos con todo quisque ya fuera pollo o gallina.

Con toda esa información mi mente, en las semanas que necesité para leer tan sabroso diario, estuvo colapsada. Era como un novelón televisivo pero en mi propia familia. Así todo, mi modo automático empezó a urdir un plan para sacar provecho a toda esa frivolidad de doña perfecta. 

Con mi hermano, para que se enterara de algo, tenía que ser contundente; ¡pero… con mi hermana!, justo todo lo contrario o se volverían las tornas contra mí. No es por presumir, bueno… un poco sí, yo en esos menesteres soy un artista.

Con unas pocas palabras en la mesa cenando, mi hermana fue la única que se percató de mis sutiles indirectas. Y como en una partida de póquer, solo intercambiando miradas, nos pusimos de acuerdo en la apuesta. A partir de esa semana me fui encontrando una paga, por supuesto anónima, en el cajón de mi mesita.

Esos veinte euros no eran negociables, e insinuar un aumento, fijo que traería al traste mi jugada. El soborno se me acabó la semana del cumpleaños de mi hermana, en vez de invitar al novio trajo a su amiga y salió oficialmente del armario.


Avaricia

Ahora les tocaba el turno a mis padres, parecían de lo más normales y hasta anodinos, pero alguna debilidad yo le encontraría para satisfacer mi venganza. Lo de entrar en su cuarto y registrar las cosas no me hacía mucha gracia, más que por la falta de respeto a su intimidad a lo que pudiera encontrar visto lo ocurrido a mi perfecta hermana.

Con mi madre, que usaba tres de los cuatro cuerpos de armario empotrado para sus cosas y uno entero para tener un catálogo de zapatos, no tuve dude de su avaricioso vicio por el calzado. Durante una comida hice una prueba haciendo que Pulgas entrara en el salón con una chanca de mi madre en la boca.

Nunca había visto agilidad igual en aquella mujer. Casi de un brinco se plantó en la cocina y al instante, escoba en mano estilo Skywalker, con hábiles toques hizo que el perro soltara su presa de goma; aunque ya bien mordisqueada. 

Esperé a la cena del domingo para mi verdadera venganza y en esta ocasión escogí una sandalia de tacón con tiras de cuero. En esta ocasión mi madre no buscó arma alguna, se tiró al perro como si en la boca le llevara a un hijo. Todos nos quedamos impactados por semejante arrojo.

Pulgas incluido que, gimiendo de miedo, se meó en la alfombra. La sandalia resultó casi ilesa necesitando solo algún punto de costura en una de las tiras. Era como una hija a quinientos euros el par.


Envidia

Mi padre resultó más fácil y divertido. Su tema habitual en la mesa era el coche que se había comprado fulano, mengano, o hasta el desgraciado del cuarto. Le gustaban los automóviles más que a un niño pequeño los cochecitos; y por ello, en cuanto había alguna oferta de algún modelo, buscaba excusa para cambiar de coche.

Nosotros, lógicamente, estábamos en la media-media y, hasta no pagar las letras de uno, coger otro vehículo familiar era impensable. Por eso, cuando alguien se le adelantaba, se ponía de los nervios y estando hablando de gamas intermedias; nada de coches de lujo.

Pues yo decidí cambiar eso. Estábamos a un par de meses de pagar la última letra y ya sabíamos la turra que nos esperaba para que, el niño cabeza de familia, pudiera cambiar su montura. Que tal o cual estaban de rebaja, y que para el nuestro, si esperábamos, luego se devaluaría mucho y sería peor…

Yo, por mi parte, nuevo en el instituto para hacerme notar me tiré el pegote de que íbamos a comprarnos un Cayene. Contaba con que nadie me creyera para hacer apuestas y me salió bien, ahora que si al final no era ese coche, aparte de las consabidas burlas, tendría que pagar una pasta a todos los que apostaron contra mí.

Dos meses comiéndole, a escondidas, la oreja al viejo fue duro hasta para mí. Finalmente, encontramos un concesionario con un kilómetro cero; así todo, las letras, parecían más para una hipoteca.



Soberbia


Visto con cada uno de mis familiares el éxito de la venganza, por mi viejo perro de peluche destripado, me vine arriba. Después de cobrar las apuestas por la compra del coche me sentía como los del último curso del instituto a mis doce años. Fueron unas semanas de auto divinidad que ahora solo me sirve para recordar cuan gilipollas fui.

La vuelta a la realidad me llegó cuando los pasotas, los del buen rollo se fijaron en mí y quisieron adoctrinarme. No tarde mucho en ver sus verdaderas intenciones de chulearme la pasta invitándolos y siendo su lacayo personal al ser nuevo. Si puede con todos y cada uno de mi casa no voy ahora a caer con esta banda de vagos y mamones.

Unos oportunos videos anónimos a la dirección puso en aviso de las intimidaciones y hurtos continuos de estos elementos y acabaron siendo expulsado. Otra vez volví a mi estatus de divo me sentí como un superhéroe invisible. De hecho cada día iba armado al instituto con mi Beretta.

Después de probar varias combinaciones encontré la mezcla adecuada. Cinco partes de agua y una de lejía resultó ser la mejor munición para mi pistola. Con un alcance preciso entre cincuenta y doscientos centímetros empece a dejar mi marca en chaquetas y pantalones de todo aquel que abusara o intimidara a los de mi clase.

Al mismo director, que nos dejó un día sin recreo, no me tembló la mano para arruinarle su inmaculado pantalón de raya.


4 comentarios:

  1. ¡Hola, JM! Muchas gracias por tu nueva aportación al reto. Me he quedado impresionada!! Has hecho un excelente ejercicio de escritura con un antagonista vengativo que va pasando por los pecados capitales. Esta división en el texto, además de marcar diferentes mini-capítulos, crea mucho dinamismo en la lectura. Otro aspecto a destacar es la sorpresa al inicio del relato: al principio parece un perro real el que encontró destripado, pero luego viene un giro sorpresivo cuando sabemos que se trata de un peluche. También está ese bucle en el que cae el protagonista, cuando empieza con la primera venganza, ya no puede parar, y es muy curioso que pareciendo más un villano, se defina como superhéroe. En definitiva, me ha parecido un gran relato. Me alegra mucho que le hayas sacado tanto partido al microrreto. Los villanos o antagonistas necesitan tanta dedicación como los héroes a la hora de escribir, sobre todo en las historias largas, donde debe existir un buen equilibrio entre ambos. Asimismo, creo que hemos comprobado en este reto que las historias desde el punto de vista antagónico son muy muy interesantes.
    Un abrazo :)

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    1. Hola. M.A. Gracias a ti. Ha sido un mes muy productivo para mí gracias a tu desafío. En esta última entrada más que diversidad he hecho un serial recopilatorio, así he ido de sobrado 😂
      Me alegro de que te haya gustado, al final me quedé tan relajado sacando a todos estos villanos que veo ni te había agradecido el comentario que me dejaste. Así, aunque tarde (ya va siendo una costumbre) te contesto y me alegro del éxito de tu propuesta que veo ha sido muy exitosa.
      Saludos 🎄🎅🖐️

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  2. Muy bien escrito.
    Entiendo su deseo de venganza. Y es curioso que el cachorro, el perpetrador material, haya sido el aliado en esa venganza.
    Estuvo sutil con su hermana, no le reveló el secreto a cambio del soborno. Hasta ella misma lo reveló. Así que se acabó el soborno, por lo tanto el alcance de la venganza.

    Bien contado. y muy creativo.
    Saludos.

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    1. Hola, Demiurgo. Tarde pero te contesto, se me había pasado tu comentario. Yo creo que el que sabe navega sabe cuando sacar las velas y cuando recogerlas, el protagonista conoce a la familia y sabe por donde entrarles para su venganza. El cachorro es sicario y aliado cuando hace falta. 😂
      Me alegro de que te haya gustado. Saludos 🎄🎅🖐️

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