Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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domingo, 12 de noviembre de 2017

Los peluches no tienen corazón

La semana pasada, con las primeras heladas del invierno y como todos años, agarré un catarro. Esta vez, la edad no perdona, más fuerte que de costumbre y pasé un fin de semana de los buenos, la fiebre me subió hasta donde los delirios son más reales que todo lo demás.

El caso es que la noche del sábado o del domingo, precisar cual no es relevante, en medio de esas alucinaciones volví a tener cuatro años y vivir en la casa de mi infancia. Con esa edad, mi fantasía, también, se mezclaba con la realidad. Me pasaba el día jugando, con los muñecos de vaqueros e indios, oyendo las voces de todos ellos.
  
En mi delirio de sueño, yo ya estaba acostado y hablaba con Pepín mi osito de peluche y mejor amigo a los cuatro años. Me veía preguntándole como podía estar vivo si no tenia corazón y era de trapo y serrín. Pepín no me miro, eso no podía hacerlo, pero si me contestó: 

"Estoy vivo porque la vida está, también, en lo que no se ve"


Con su respuesta me quede traspuesto tanto en esa visión como en mi delirio febril. Más tarde. en la misma noche, retomé el sueño de mi infancia y seguí la conversación con mi peluche:

-- Yo te veo y te toco, pero tu no te mueves, pero si te pregunto me contestas, pero no lo entiendo.

-- No tienes que entender nada, es así. Si yo no existiera, serias tú, jugando como con los indios y vaqueros, quien me podría la voz. Cuando te contesto hablo como tú lo haces?


Me volví a dormir en la visión y la fiebre también le dio un receso a mi cuerpo pudiendo descansar hasta bien entrada la mañana. Al levantarme e ir asearme un poco, justo cuando vi mi desarreglado aspecto frente al espejo, un familiar timbre de voz, con tono de reproche, me dijo:

"Vaya pinta macho, por ti, sí que pasan los años". 

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