Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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jueves, 31 de diciembre de 2015

Reflexión de fin de año

Después de lo visto en estos cuatro años de gobierno con Rajoy al frente del PP, muchos pensábamos que su debacle sería cuasi-parecida a la de Zapatero después de su segunda triunfal legislatura (bis de ironía).


Y lo cierto, los resultados cantan, no fue tan dura la caída, más bien un fuerte trompicón pero no definitivo. Es curioso, cuando menos, que un partido político con más tramas de corrupción que una organización mafiosa siga contando con bastante apoyo popular; suficiente, incluso, para ganar por los pelos unas elecciones muy comprometidas.

Hay varias causas y las tradiciones y los miedos pueden arrastrar más votos que las siglas en si:
  • La derecha suena a lo correcto cuando la cosa está mal.
  • No leerse, para nada, los programas electorales, y fiarse más del aspecto y si nos gusta lo que dicen.
  • Todavía no somos un estado laico y la Iglesia Católica sigue poniendo sus buenos feligreses por muy obreros que sean.
  • Los toros y tradiciones similares, de maltrato animal, también dejan sus votos en las urnas.
  • Lo del aborto es un tema comprometido y mucha gente prefiere decir directamente no que plantearse el tema en la profundidad que merece.
  • Que la banca es el sustento de un país, también lo tenemos asumido y darles dinero para sufragar su avaricia con la burbuja inmobiliaria es de buen ciudadano, en nuestro caso subditos.
  • El apropiarse de los símbolos como si sólo siendo del PP respetaras la bandera y fueras Español.
  • Eregirse el centro ideológico y todos aquellos partidos que no comulguen con ellos son extremistas radicales para que la gente lo relacione con los radicales extremistas que siembran el terror, es decir terroristas.
El último punto me parece, en sí, un acto de terrorismo político para infundir, intencionadamente, miedo a que pueda haber un cambio; que por una vez, pueda beneficiar a quienes votamos no a quienes respaldan los que ganan las elecciones.

Por cierto, para lo del segundo punto hay una encuesta de afinidad política que puede poner en entredicho lo que pensamos realmente y a quienes votamos. Yo he hecho un muestreo y los resultados han sido bastante curiosos:
Encuesta de afinidad política 
{En el 50% había bastante ambigüedad y en el otro 50% la cosa si quedaba bien definida}

Feliz 2016 que, en este que justo finaliza, ya no nos pueden (por cuestión de tiempo) amargarnos más.

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