Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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martes, 7 de octubre de 2014

Las esferas de la razón y su evolución para nuestras relaciones


Los seres humanos nos diferenciamos del resto de los seres vivos porque somos inteligentes y eso nos hace arrogantes. Tanto que nos llegamos a creer el centro del Universo. No hay más que vernos cuando discutimos, especialmente, con otr@.


Efectivamente, la inteligencia nos dota de la razón y nosotros nos envolvemos con ella como si fuera nuestro escudo de fuerza. Y por la razón,como auténticos paladines de su cruzada, avasallamos a cualquiera que nos contradiga sin querer ni intentar ver más allá. No somos conscientes que, generalmente, la verdad no habita en esas diminutas esferitas de autodeterminación, sino que reside justamente en esa esfera infinitamente más grande que separa nuestras posiciones.


Con el tiempo, después un montón de batacazos y cuando empezamos a hacer caso de la experiencia, crece el radio de actuación de nuestra razón. Tanto es así que llegamos a tocar la, hasta ahora, desconocida zona del saber. La prueba es que podemos aceptar estar equivocados y hasta pactar tablas en nuestras beligerancias.


Cuando realmente demostramos nuestra inteligencia es en el momento que nuestro radio de acción, el de nuestra razón, crezca lo suficiente para entrar en contacto con el de nuestro oponente. Aquí si estamos ya en condiciones de poder llegar a acuerdos dignos de nuestro conocimiento y, lo más importante, con sentido común.


Para terminar una reflexión y un pensamiento:


Los seres vivos inferiores, dotados sólo de instinto, si conviven con sentido común, curiosamente.


Y como decían en expediente X: “La verdad está ahí fuera”.