Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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domingo, 10 de agosto de 2014

Verano, playa y los hábitos que nos definen

Una de las ofertas veraniegas en un día soleado, en mi ciudad, es ir a la playa. Lo curioso es que en la arena al sol o en el mar a remojo, no sólo desnudamos nuestros cuerpos, hacemos lo propio con los hábitos.
No me voy a extender, pero si voy a enumerar unas normas básicas de convivencia que se suelen incumplir. En esta ocasión somos nosotros los actores principales y no las instituciones que tanto suelo yo criticar.


  • Yo no voy a prohibir fumar en la playa, actualmente se ve menos y generalmente (sin intención de discriminar o señalar) mujeres con edad suficiente para suponerlas adultas y de comportamiento social adecuado. El problema no es que fumen, si no que luego y sin ningún reparo, entierran la colilla en la arena. A veces me ha faltado una cuenta de protección para no recriminar públicamente esa acción; de momento, la campana les ha salvado, pero es algo que me indigna. Con lo poco que cuesta llevar algo para recogerlas y luego tirarlas. En fin...

  • Otro detalle que creo que a nadie se le escapa es el de usar la orilla donde cubre poco como urinario infantil y con un poco más de agua para adultos. En esto, igual si el ayuntamiento debería ideal algún sistema de casetas, al igual que puso las duchas, para aliviar esas aguas menores y llegado el caso mayores. Lógicamente hablo de la playa donde voy y no generalizo, aunque me temo que si podría hacerlo...

  • Ahora viene el derecho de propiedad o el reparto de la arena. Aquí, como madrugador, me suele pasar que al llegar tengo por los cuatro costados una basta extensión de arena libre. En cambio cuando vuelvo, después de haber estado un buen rato a remojo, me encuentro, sobre todo si el día es de pleno sol, que tengo problema hasta para estirar la toalla. Lo curioso es que a escasa distancia suele haber calvas de arena donde aposentarse, pero por un motivo desconocido para mi, predominan zonas abarrotadas como si fueran vip y otras desérticas que nadie quiere. En fin, también...

  • El aparcamiento es otro rasgo que nos define. El ir pronto te permite escoger sitio y, por supuesto, dejar el coche bien aparcado. A medida que transcurre la mañana, el objetivo va siendo dejar el coche y la forma o la cortesía de espacio desaparece. Así que cuando llega medio día y, los que no queremos abrasarnos al sol nos vamos, solemos encontrar vehículos a uno o ambos lados tan ceñidos que es imposible acceder. Si es en la puerta del conductor nos queda la otra pero cuando la del copiloto está en la misma situación sólo queda morderse el cabreo y esperar que alguno de ellos venga y podamos dejar el aparcamiento en paz.

Yo pienso que si actuamos así, en todos o alguno de los puntos comentados, deberíamos reflexionar cuando criticamos a una sociedad y a unos políticos; porque igual, nosotros haríamos lo mismo que ellos, si tuviéramos un cargo público. Si pedimos instituciones y dirigentes ejemplares también nosotros, al menos, deberíamos dar ejemplo de civismo y convivencia. 

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