Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

El comportamiento de los estirados

El otro día llovía con ganas e hice una parada, volviendo de una gestión, en un bar que me cogía de camino. El local, en si, era y es pequeño, con una forma alargada y estrecha, pero también con cierto renombre. Es conocido por alguna de sus especialidades y, además, se encuentra ubicado en una zona de cierto nivel, bastante próxima al centro de la ciudad.


El caso es que, la gente habitual del establecimiento, eran acordes a la zona y ocupaban todo el espectro de los que te miran por encima del hombro a los que ni te miran o, directamente, te ignoran. Curiosamente los mas normales eran una señora mayor y el dueño del local del otro lado de la barra.


Descrita la situación, el ambiente y hasta el clima, entraré en materia. Estaba en el bar disfrutando, precisamente, de la especialidad de la casa, comprobé y ratifiqué mi teoría acerca del zoo social reinante. Lo de entrar y saludar o salir y despedirse (casi obligado en un sitio tan reducido), es un rasgo de educación relativo. Los personajes que por allí desfilaron, durante mi estancia, unos lo hicieron y otros no. Diversidad de opiniones.


El detalle que confirmó la baja categoría como personas, socialmente eran clase media bien, de los estirados que  por allí circularon fue el detalle de la puerta. Como comenté, el día era desapacible y bastante metido en agua, pero los clientes del local, ni al entrar ni al salir, la cerraban como era pertinente. Unos la empujaban, otros la abrían pero luego se olvidaban de dejarla como la encontraron y hasta alguno ni sacó las manos de los bolsillos al salir, en grupo, siendo él, el último de la fila.


Casi, como un juego, me hice una apuesta conmigo mismo, cada vez que alguien entraba o abandonaba el bar. Fue la tapa gratis, a mi grata consumición, y el entretenimiento, de mi posada, mientras esperaba que escampara para ir a comer. Perdí todas mis apuestas menos una, en todo hay excepción, la señora mayor cuando abandonó el bar cerro la puerta tras de si.


Bueno, cualquier se presta para hacer este tipo de juegos de comportamiento social. Lo peor es que, si quieres ganar, tienes que ir a favor, precisamente, de lo que estas en contra.  :-)
PD: Al final, yo también, terminé mi consumición y salí por la puerta. No me dio miedo aferrar la manilla y dejarla bien cerrada.

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