Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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martes, 13 de octubre de 2009

Ser predecible no es siempre por simpleza

Es fácil ser predecible, sin entrar en guerra, es una de las taras con la que las mujeres nos suelen encasillar. Bueno, yo no estoy en desacuerdo, la cuestión a mi modo de ver es el motivo de por que pueden ser mis acciones tan adivinables.

Para empezar, cuando hacemos algo como respuesta a una situación, nuestra reacción puede ser por coherencia, por consecuencia o por simpleza. De las tres sólo la última la consideraría negativa y nos encasille, en eso, en simples, tontos o ingenuos y, afinando, tampoco es malo pecar de ingenuo alguna vez, ya hay bastante resabid@s y enterad@s.

Es habitual confundir parecer algo con serlo. Por ello, parecer simple por ser predecible, no me ofende y además quien crea que soy simple, indirectamente, me elogia ya que, al menos, la mitad de las veces no lo soy. Así pues quien sacó esa conclusión se equivoco y si pecó de ser simple en sus juicios de valor.

Con tanto jugar al despiste y aparentar o imitar modelos, tan usual hoy en día, una buena táctica es ser uno mismo y decir la verdad. Eso engaña y confunde mas que inventarse historias o contar películas. Hay tanta superficialidad actualmente que mucha gente no sabe si tiene identidad propia o utiliza una prestada.

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