Sólo hay dos cosas que nos pueden ofender:
Las verdades que no queremos escuchar y las mentiras que nos creemos.
Cuando esto pase es bueno saber a que grupo corresponde la ofensa para no engañarnos y poder devolver el guante adecuado.

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sábado, 10 de octubre de 2009

Adultos inmaduros

Con la edad se nos supone, y nosotros mismos nos lo creemos, adultos, responsables y de acciones maduras. Joer, a lo mejor de viejo si llego y no pierdo la cabeza, igual si, pero ahora que estoy de medio pelo en sentido figurado y hasta real, anda algo lejos de la realidad (me pongo de ejemplo pero que cada uno se mire en el espejo).

Para empezar los hay con aspecto mas que respetable y poses distinguidas, callados y serenos. A estos (la experiencia de algo me sirve) les espero y en cuanto abren la boca y les sacas del guión aprendido que, generalmente, son opiniones ajenas procedentes del medio de comunicación de sus siglas afines, y que ellos usan como propias, sin haberlas siquiera revisado, se les ve el plumero y su incapacidad de improvisar cuando se les olvida la letra.

Luego estamos los que sin ser distinguidos, mas bien todo lo contrario, opinamos de todo sin el mas mínimo miedo y acabamos la mitad de las veces metiendo la pata hasta el ombligo. Y encima ni la experiencia de veces anteriores nos frena en la siguiente faena. Vamos que hay veces que hasta me da la risa de las esperpenticas situaciones creadas por incansable verborrea innecesaria como he dicho al menos en la mitad de las ocasiones.

Ahora me quedan los que no se sabe si van o vienen, que quieren ver las cartas de los demás y no enseñan de que va su juego. Estos son inmaduros por que tan mayores ya tendrían que mojarse y no estar agazapados por miedo a quedar fuera de lugar o equivocarse, incapaces de tomar una decisión propia sin sudar hasta para las mas nimias cosas. Incluso los niños pequeños demuestran ser mas adultos que ellos cuando con un año le echan arrestos y se sueltan a andar.

Los primero y los últimos son afines entre si y es fácil encontrar hibridos que en ocasiones se hacen eco de opiniones ajenas y otras veces callan. Pero en definitiva o no tienen algo propio que exponer o se lo callan.

Los cascantes, como mucho, solo podemos tener rollo entre nosotros mismos y, eso si, nos gusta dar tiza al resto (loritos, recelosos y mixtos). En una conversación y llegado el punto marcar posiciones le soltamos al otro algo así como: Si con todo lo mayor que eres y toda la experiencia que se supone que tienes has llegado a esa conclusión has pasado tu vida sin enterarte de nada. (Bueno, cada uno lo puede aderezar a su estilo pero esta es la linea básica del argumento) Con esta frase unos se quedan pensativos, a lo mejor por primera vez en su vida, y otros no saben que responder. Si hemos metido la pata como mas de la mitad de las ocasiones que abrimos la boca y damos con uno de los nuestros seguro que nos da la replica.

Los bocazas, entre los que esta claro que me tengo que incluir, sólo nos falta mordernos la lengua de vez en cuando, aproximadamente la mitad de la veces, para poder aprobar en nuestra madurez y llegar a ese 50% de acierto. Todo se andará y un suspenso alto me da opciones de llegar algún día a mi graduación.
Yo lo intento, pero no me suelo callar :-)

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